Escribiendo un libro

Comenzaré diciendo que esto no es una guía, aquí relato mi experiencia para quienes estén experimentando o quieran empezar a hacerlo con su propio libro y por supuesto, para darles un adelanto de lo que comencé a anticipar desde noviembre del año pasado.

En un post anterior les conté acerca del proceso casi finalizado del libro. Ahora les cuento lo que ha sido desde el inicio y la avalancha de eventualidades que sobrevino al terminarlo —o cuando yo pensé ingenuamente que lo había terminado—.

 

1. El origen

¡Me encanta escribir! sin embargo hacer un libro es mucho más complicado de lo que creía.

Para empezar, en el blog hablo de los lugares que he visitado, pero no quería contar exactamente lo mismo en el libro. Así que el primer paso fue una recolección de anécdotas personales. Comencé buscando entre los correos que nos enviábamos con mis amigos y mi familia cuando estaba de viaje, acudí a todas las libretas de notas y escritos que hice, volví a leer muchos post del blog, y regresé a mi primer libro que está escondido en la biblioteca y no saldrá de allí.

Así fui recordando pequeños detalles que no había contado, sensaciones y sentimientos que se habían quedado guardados en algún lugar de la memoria.

 

2. Comenzar a escribir el libro

Luego de haber recolectado toda la información, me enfrenté a la hoja en blanco. ¿Cómo empezar?, ¿qué contar?, ¿qué no contar?

Al principio escribía por párrafos y los releía veinte veces, les cambiaba las palabras, el orden, buscaba sinónimos y los reescribía, la cosa es que nunca avanzaba. Entonces tomé la decisión un par de meses después de haber empezado, de escribir todo, de corrido, sin revisiones, lo que me saliera de los dedos conectados al corazón y al cerebro.

Una vez terminé de hacerlo así —muchos meses después, tras noches y madrugadas sin parar— , me di cuenta que habían salido una cantidad exagerada de páginas. Además, al leerlo, había disparates, frases sin sentido, cosas que no quería decir y otras que faltaban por contar. Fue el momento de comenzar a leer y releer.

 

3. Leer una, dos, tres y diez mil veces

Ha sido la parte más larga y a veces hasta más chocante del proceso. De hecho podría decir que sigo en esas y que tal vez, un libro nunca se termina de pulir. Cada vez que lo leo le pongo así sea una coma, le cambio una palabra, le quito una frase, le pongo una letra de más o hasta reescribo capítulos o los borro, incluso agrego nuevos.

Al principio fue un proceso personal. Leía lento cada capítulo e iba organizando las ideas, hilando lo que estuviera suelto a lo largo del libro. Después le pedí el favor a alguien que lo revisara, un punto necesario porque de tantas veces que yo lo había leído no me había dado cuenta de ciertas fallas que tenía.

A la par de estas correcciones le entregué el borrador a algunos amigos y familiares. Incluso Nita, una amiga ilustradora que conocí en Panamá, hizo la primera portada. Me la pasaba preguntándoles: “¿te gustó? ¿en algún momento te aburrió? ¿qué te hizo sentir? ¿lo recomendarías? ¿algún capítulo sobra?”… me puse muy intensa con la situación. La idea era tener una nueva perspectiva de lo que había escrito.

 

4. Con o sin editorial

Como es mi primer libro, no tenía idea qué opciones había de publicación. Así que comencé a investigar y a preguntar a los autores que conocía, si era mejor auto-gestionarse o insistir hasta que una editorial me escuchara. La mayoría dijeron que lo mejor era la independencia por cuestiones de derechos, libertad y economía.

Sin embargo intenté en primer instancia con varias editoriales: hubo rechazos, algunos ni siquiera contestaban y otros daban las gracias pero decían que ya tenían su agenda copada todo el año.  Al fin un editor me contestó y dijo estar comprometido con mi libro, pero tras dos meses de espera por su respuesta, declaró sin ninguna vergüenza que había perdido el borrador… eso fue una señal.

Así que me decidí por la independencia y oronda contraté una asesoría en marketing. Pensé que en algunos días ya comenzaría a imprimir el libro pero me bajaron de la nube. “Tienes que contratar a un corrector de estilo, no puedes publicar un libro sin esa asesoría previa” dijeron.

 

5. De vuelta al punto tres

¡A retomar la lectura! Paula, una correctora periodista (su blog es Vieja que Viaja),  revisó ortografía, redacción, sintaxis y me dio consejos de escritura. “Eso que dices no me parece”, “cambia el final”, “no transmites nada con esa frase”, “ese título no funciona”… etc. A veces ella me preguntaba si no la iba a terminar odiando por tantas cosas que dijo del libro, pero la verdad es que no. Eran totalmente necesarias esas críticas para mejorarlo.

La prueba final estuvo a cargo del corrector de estilo de literatura para darle aún más sentido y estructura al libro ¡Otro par de meses! cada cosa que he hecho me ha tomado semanas y semanas. Desde que me enfrenté a la hoja en blanco ha pasado más de un año y hasta ahora puedo decir que al fin, estoy terminando.

 

6. El diseño

Soy diseñadora gráfica pero no me atreví a ponerle la cara a mi pequeño hijo. Decidí hacer la diagramación, es decir el interior del libro (proceso que hasta hace un par de días terminé) pero, ¿quién podría hacer la portada?

La ilustración que hizo Nita quedó bellísima. Sin embargo ella misma me había advertido que no creía que funcionara, pues su trabajo no era el de una diseñadora. Lo mismo dijeron lo que sabían de marketing así como los correctores. Así que tuve que buscar a una diseñadora gráfica y recordé a Ángela Mastrodoménico, una compañera de la universidad con quién habíamos conversado acerca de viajes y a quien recordaba como una excelente profesional. Además, pensé que ella podría identificarse con el libro por ser también viajera. ¡Tremenda diseñadora! pronto les mostraré las razones para afirmarlo.

 

7. ¿Y ahora?

Hasta ahora voy acá. Cada vez que hablo con el corrector me recuerda que debo hacer otra cosa y una cosa más, antes de enviarlo a impresión. Justo cuando pienso que ya puedo decir que mi pequeño hijo nació, hay un nuevo acontecimiento. TODO EN SU JUSTO LUGAR Y MOMENTO.

El día que salga a la luz, voy a ser extremadamente feliz.

 

About Natalia Méndez Sarmiento

Voy por el mundo con una mochila al hombro y una libreta recolectando historias, experiencias, sensaciones, conociendo personas, disfrutando paisajes y escribiendo para difundir mi pasión por los viajes.

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  1. Isabel Montaño 27 abril, 2017

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