Corazonada

Una ráfaga helada atravesó mi esternón esta madrugada alojándose allí sin razón, mis ojos se abrieron y fue en vano el intento de cerrarlos de nuevo para no hacer otra cosa que soñar. Hace ya horas que me duele el estómago o para ser más romántica, las mariposas no me dejan en paz, están revoloteando asustadas y mis piernas procuran acallarlas con movimientos rápidos y repetitivos que crean lo que he llamado la música de la angustia, esa que proviene de los chillidos en las tablas de mi cama al ritmo de mis desesperantes vibraciones.

Las manos me tiemblan, el té de la mañana ha caído sobre el mantel y me atraganto con cada bocado del desayuno insípido. Froto mis dedos y los choco con la mesa como si estuviese esperando algo. Mi corazón late con una frecuencia diferente a la habitual y casi puedo sentir cómo la sangre entra y sale circulando por mis venas, por mis arterias.

Con cierta angustia reviso mensajes en busca de alguna noticia, de algo que explique la razón de mi desesperación. Me imagino terribles noticias como si esta desagradable sensación fuera un presentimiento, luego supongo historias de coincidencias, de amistad, de amor y convierto mi desvelo en una sonrisa, esperando que la corazonada provenga de un futuro maravilloso que se avecina.

¿Será posible que esté confundiendo mi ansiedad con una corazonada? Hoy me voy, la cama en la que no logré dormir no es mía y este lugar es pasajero. Me están restando energías las despedidas, despedidas de personas, de lugares, de seguridades. Otra vez armo mi mochila, todo adentro parece tener vida, mi ropa se desacomoda, mis trapos se caen, los chécheres pesan. Me pregunto cuántas veces más me voy a ir y le pregunto a él cuántas veces más lo voy a despedir.

Una contradicción como una corazonada están invadiendo mi cuerpo, mis pensamientos y mi ser. Existen días en los que no quiero encontrar todavía mi lugar en el mundo y me apasionan los movimientos nómadas e inciertos, pero existen otros en que el sueño de llegar a casa cada noche y despertar en mi cama me hace agobiante una nueva ruta.

Escribir me hace bien, las manos ya no me tiemblan, las mariposas han apaciguado su revoloteo y el frío en el pecho apenas es un esbozo de una mala noche. Me alisto, sé lo que soy, sé lo que quiero hacer. Coloco con esfuerzo la mochila en mis hombros, toda la corazonada, ansiedad y contradicción ha desaparecido o se ha transformado en expectativa. Por ahora mi vida es un viaje geográfico y de emociones. ¡Allá voy Ometepe!

About Natalia Méndez Sarmiento

Voy por el mundo con una mochila al hombro y una libreta recolectando historias, experiencias, sensaciones, conociendo personas, disfrutando paisajes y escribiendo para difundir mi pasión por los viajes.

Comments 4

  1. Paula 27 marzo, 2016
    • Natalia Méndez Sarmiento 27 marzo, 2016
  2. Camilo 14 abril, 2017
    • Natalia Méndez Sarmiento 17 abril, 2017

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