Corazonada

Corazonada

Por | 2016-03-27T12:21:52+00:00 febrero 28, 2015|Reflexiones, Viajes interiores|4 Comentarios

Una ráfaga helada atravesó mi esternón esta madrugada alojándose allí sin razón, mis ojos se abrieron y fue en vano el intento de cerrarlos de nuevo para no hacer otra cosa que soñar. Hace ya horas que me duele el estómago o para ser más romántica, las mariposas no me dejan en paz, están revoloteando asustadas y mis piernas procuran acallarlas con movimientos rápidos y repetitivos que crean lo que he llamado la música de la angustia, esa que proviene de los chillidos en las tablas de mi cama al ritmo de mis desesperantes vibraciones.

Las manos me tiemblan, el té de la mañana ha caído sobre el mantel y me atraganto con cada bocado del desayuno insípido. Froto mis dedos y los choco con la mesa como si estuviese esperando algo. Mi corazón late con una frecuencia diferente a la habitual y casi puedo sentir cómo la sangre entra y sale circulando por mis venas, por mis arterias.

Con cierta angustia reviso mensajes en busca de alguna noticia, de algo que explique la razón de mi desesperación. Me imagino terribles noticias como si esta desagradable sensación fuera un presentimiento, luego supongo historias de coincidencias, de amistad, de amor y convierto mi desvelo en una sonrisa, esperando que la corazonada provenga de un futuro maravilloso que se avecina.

¿Será posible que esté confundiendo mi ansiedad con una corazonada? Hoy me voy, la cama en la que no logré dormir no es mía y este lugar es pasajero. Me están restando energías las despedidas, despedidas de personas, de lugares, de seguridades. Otra vez armo mi mochila, todo adentro parece tener vida, mi ropa se desacomoda, mis trapos se caen, los chécheres pesan. Me pregunto cuántas veces más me voy a ir y le pregunto a él cuántas veces más lo voy a despedir.

Una contradicción como una corazonada están invadiendo mi cuerpo, mis pensamientos y mi ser. Existen días en los que no quiero encontrar todavía mi lugar en el mundo y me apasionan los movimientos nómadas e inciertos, pero existen otros en que el sueño de llegar a casa cada noche y despertar en mi cama me hace agobiante una nueva ruta.

Escribir me hace bien, las manos ya no me tiemblan, las mariposas han apaciguado su revoloteo y el frío en el pecho apenas es un esbozo de una mala noche. Me alisto, sé lo que soy, sé lo que quiero hacer. Coloco con esfuerzo la mochila en mis hombros, toda la corazonada, ansiedad y contradicción ha desaparecido o se ha transformado en expectativa. Por ahora mi vida es un viaje geográfico y de emociones. ¡Allá voy Ometepe!

Acerca de Natalia Méndez Sarmiento

Voy por el mundo con una mochila al hombro y una libreta recolectando historias, experiencias, sensaciones, conociendo personas, disfrutando paisajes y escribiendo para difundir mi pasión por los viajes.

Acerca del Autor:

Voy por el mundo con una mochila al hombro y una libreta recolectando historias, experiencias, sensaciones, conociendo personas, disfrutando paisajes y escribiendo para difundir mi pasión por los viajes.

4 Comentarios

  1. Paula 27 marzo, 2016 en 17:53 - Responder

    Uff… me pasó. Me pasó comenzando un viaje largo el mes pasado, en la primer parada no podía calmarme así que decidí cancelar todo y volverme a casa. Me sentí tonta en el momento pero fue una buena decisión, no es de mala onda! jajaja pero la verdad es que a veces es mejor no forzar algo que no vas a disfrutar, si la sensación no se va es bueno hacer un alto y escucharnos a nosotros mismos para ver qué está pasando. Es necesario escuchar esas corazonadas, nos dicen cuando detenernos, cuando descansar en el mismo lugar, y cuando es hora de movernos. Espero que esta sensación haya sido solo ansiedad y salga todo bien! 🙂

    • Natalia Méndez Sarmiento 27 marzo, 2016 en 23:09 - Responder

      Hola Paula.
      Estoy de acuerdo contigo. A veces por lograr un objetivo, uno deja de escuchar su corazón y es cuando cosas que no nos esperábamos suceden. Como si la vida de una u otra manera quisiera hacerse escuchar, hasta que uno le haga caso y tome el camino correcto. Buena decisión la que tomaste 🙂

  2. Camilo 14 abril, 2017 en 15:34 - Responder

    Corazonada? claro, tu y el corazón, no? pero puede ser tantas otras cosas, ansiedad si, inconformismo, curiosidad de lo que hay mas allá, y tu misma te das ánimo llamandolo corazonada, pero por supuesto el que tu creas que es lo que debes hacer es razón suficiente para hacerlo, y luego lo llamas suerte, corazonada, premio de la vida. y como resultado te fuiste, no habría otra opción, y no descubriste como seria la Nati que se hubuiera quedado, quien se encuentra a si mismo?, el que va cambiando o el que se queda siendo… si mismo?, ya que, ya es muy tarde para parar, dicen que viajando uno se encuentra a uno mismo, pero quien eres? el resultado de los cambios y las corazonadas tuyas y de los demas, Yo creo que sabes para donde vas y eso que llamas corazonada es tu brújula, lo que orienta y te pone en BUEN camino.

    • Natalia Méndez Sarmiento 17 abril, 2017 en 20:35 - Responder

      Hola Camilo!!
      Wow, no me habían comentado nunca con una reflexión y además con una conclusión tan bonita. Gracias por tomarte el tiempo de hacerlo. Me encantó!!! un abrazo. Naty

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