Día 1 . Vencer Desafíos en Cuba

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Día 1 . Vencer Desafíos en Cuba

Por | 2016-03-13T13:53:45+00:00 octubre 9, 2015|Caribe, Cuba, Viajes|2 Comentarios

22 de Septiembre de 2015

Llegué a La Habana volando sobre nubes aglomeradas de algodón y franqueando lluvias, viendo desde lo alto las montañas de Viñales ansiosa por aterrizar en Cuba. La tierra de tonalidades marrón y pastizales verdes, de figuras geométricas y simétricas, se fueron acercando y deformando a medida que bajaba el avión, hasta convertirse en explanadas de un solo color que a duras penas podía ver entre la bruma, hasta sentir la fricción de las llantas con la pista de aterrizaje. Tal vez ni tantas nubes eran, mi mente había quedado atrapada en las manchas turquesa del Caribe que vi cuando despegamos de Cancún y sólo en eso pensaba.

Venía preparada gracias a las advertencias que sonaron como amenazas, de estar bien despierta para que no me arrebataran mi dinero, o mejor, para que no me convencieran de darlo voluntariamente sin conciencia de mis actos. Así que en lo posible, debía ignorar a todo aquel que se acercara a mí en búsqueda de una conversación. ¡Qué molesto es entrar prevenida a un lugar!, pero viajando sola prefiero prepararme y atender consejos.
Desafíos en CubaEl aeropuerto no fue una grata bienvenida visual, rojo hasta la esquina más ínfima, oscuro, parecía la mezcla entre un restaurante de comida rápida y una cárcel. Extasiada por el color y por un nuevo viaje, permanecí allí alrededor de una hora esperando mi maleta, envuelta en una decena de capas de plástico que la protegían no precisamente de un robo, sino de la introducción de algún objeto ajeno que pudiese causarme inconvenientes internacionales.

Antes del gran inicio, del paso real más allá de las puertas del aeropuerto, escapé sin quererlo de la revisión de la aduana, uno de los pros del despiste del que soy presa. Un agente aduanero vio mi maleta y me dijo: ”a la aduana”, pero en cambio de indicarme el camino a seguir, se distrajo con grandes televisores que traía una familia, y yo, seguí mi camino pensando que tras la primera puerta revisarían todo mi equipaje, pero simplemente encontré las puertas de salida del aeropuerto y nadie se inmiscuyó en mis pantaletas.

Luego del gran paso de la puerta comenzaron los desafíos de viajar sola, y en Cuba.

Primer desafío: EL DINERO

Un par de cosas tenía claras acerca del manejo monetario en la isla, no llegar con dólares porque me cobrarían un 10% de impuesto por el cambio, y cambiar los pesos mexicanos a las dos monedas existentes. Ya de por sí, es un desafío el inicio de cada nuevo país con el cambio de moneda, esperando no pagar novatadas sin conocer los valores, como para que en Cuba tuviera que hacer cálculos mentales rápidos y dobles. La moneda nacional o MN y la moneda convertible o CUC, una para cubanos y otra para extranjeros, fueron los billetes que aprendí a manejar en 17 días, guardados en diferentes bolsillos.

En la barra de información del aeropuerto, pedí la ubicación de una CADECA (casa de cambio en Cuba), el hombre en vez de darme la indicación, me pidió esperarlo y empezó a hacer llamadas preguntándome a la par si traía dólares o euros. Su actitud sospechosa me hizo pronunciar un “ya regreso” con una sonrisa bastante hipócrita y hui de la escena, para buscar sin preguntar a nadie la CADECA. Allí, fue muy difícil convencer a la cambista que me diera Moneda Nacional, pero si no la obtenía muchas cosas me saldrían hasta diez veces más caras y más, porque al cobrar en las diferentes monedas no son ecuánimes, es decir, a veces tienen el descaro -y muchos extranjeros caen- de pedir por una pizzeta 10 CUC que en realidad cuesta 10 MN, la diferencia es exagerada porque 10 CUC son aproximadamente 10 dólares y 10 MN no alcanzan a ser ni 50 centavos de dólar.

En el revuelo con la cambista que solo un mochilero más entendía e intentaba adquirir MN, conocí a un japonés que hablaba inglés británico y no le entendía en absoluto lo que decía, por suerte él si entendía mi inglés gringo aprendido de Hollywood y de la música, y conocí también a un uruguayo atravesado en la conversación, puente de resolución del segundo desafío:

LLEGAR A LA HABANA SIN PAGAR 25 CUC

Conocía una manera, caminar dos kilómetros hasta la ruta y tomar un colectivo baratísimo hasta el centro de la ciudad. Resuelta a hacerlo, me dediqué a preguntar cómo llegar a la carretera y a convencer al japonés y al uruguayo que fuéramos juntos, sin embargo se desgajó un aguacero monumental, que me llevó a una tercera improvisada acción, invitar a mi pasajeros compañeros a tomar entre todos un taxi. Así, el costo se redujo a 5 CUC, aunque me quedé con la espina de haber podido irme por 45 centavos de MN en guagua (autobús), es decir menos de un centavo de CUC.

En este taxi colectivo a medio andar, oliendo a gases de combustión expulsados por el deficiente tubo de escape, y frenando cada tantos metros para poner con riesgo agua en el radiador y evitar que el motor se sobrecalentara, llegamos al centro de La Habana para enfrentar un desafío más:

EL HOSPEDAJE

Hay hoteles pero no hay hostales, tampoco Couchsurfing, Cuba parece un limbo para mochileros. Los hoteles cuestan 50 CUC por noche, opción desechada, la otra opción son las casas de familia en las que se consigue dormir por mínimo 10 CUC. Estas son habitaciones o departamentos con licencia que arriendan por noche, negocio muy popular para el sustento de la familia, aunque escuché rezongar a diario a mis anfitriones por el porcentaje de impuestos que tienen que pagar al estado.

Sin saber a fondo del tema, pero con previa preparación y contacto con Yadira en La Habana, llegué a la esquina de Cárdenas con Misiones en el taxi y grité a lo que mi garganta dio: “¡Elsaaaaa!”, siguiendo las indicaciones que habían llegado a mi correo, pero Elsa, no contestó. El taxista arrancó a gritar con el japonés -el uruguayo se había quedado cuadras atrás- y con su resonante voz (la del cubano, no la del japonés) Elsa finalmente se asomó y abrió la puerta del primer piso desde el cuarto piso. ¿Cómo?, nada de funcionamiento eléctrico sino a puro ingenio, con una cuerda amarrada al picaporte que pasaba por todos los pisos entre las escaleras y al jalarla la abría.
Desafíos en CubaLa sonrisa de Elsa y Yadira me llenaron de paz, la primera la tía de la segunda. Con angustia y vergüenza dijeron que algo tenían que contarme: mi habitación, no estaba lista. Cuando vieron que me reí y un carajo me importó, entraron en confianza y me invitaron a seguir. El japonés, cuyo nombre no puedo recordar, quien entró conmigo esperando ayuda para resolver sus desafíos, solo nos veía y esperaba una ínfima traducción. Ninguna de las dos mujeres tenía en su casa un espacio para él, pero amablemente Elsa armó toda una secuencia para conseguirle hospedaje “al chinito” con traductora de por medio, yo. Incluso me pidieron acompañarlo a su nueva casa como si fuese conocedora de las calles habaneras, una suerte que lo hice, porque me enfrenté al cuarto desafío:

¿QUÉ VOY A COMER?

Los restaurantes son caros y las sodas por lo general cobran en CUC, ¿entonces? Devolviéndome de la casa de Zoila, vi una pequeña cafetería incrustada en el primer piso de una casa, donde vendían pastas y pizzas, me moría de hambre, solo había comido un desayuno hacia 10 horas y un snack en el aeropuerto de Cancún. Entré, me dijeron que había espagueti con puré, “¿puré de qué?” -pues puré- me respondió la chica riéndose. Puré era una especie de salsa napolitana, ¡todo por 10 MN! Sin dudas la pedí y me entregaron al instante un plato enorme de espagueti con tomate y queso por 40 centavos de dólar. Desafío de la comida más que resuelto.

Al regresar a la casa, Yadira dijo estar apenada porque debía compartir un baño obsesivamente impecable con ella y con su hija, porque el agua de la ducha era caliente y no fría, y porque mi habitación era muy “humilde” con una extensa cama doble para mi sola y aire acondicionado. El paraíso de un mochilero, mi paraíso. Venía de vivir 4 meses en Tulum compartiendo el baño lejos de mi habitación con 20 personas, empapada de sudor en las noches intentando dormir con el viento de un ventilador que parecía el motor de un avión, y bañándome con agua helada que de vez en cuando salía tibia por 5 segundos cuando el tanque se estaba desocupando y le daba el sol. Yadira, ¡tu casa es un lujo!

Luego de pedirme mil disculpas, me invitó a preparar unos raros dulces hechos con huevo y leche en polvo que sabían delicioso. Me contó de su vida a baja voz para que los vecinos no la escucharan y sus argumentos contra el sistema cubano, esperando que el gran oído acusador no se diera cuenta, argumentos que pienso compartir en otro día del diario.

El día 1 terminó con el placer de dormir en medio de un suntuoso silencio y arropada por una cobija suave con olor a suavizante. Me extasié con Cuba, tengo muchos más desafíos por delante, sobre todo el terrorífico de vivir 17 días sin internet, o pagar 2 CUC por 30 minutos para poder decirle a mi familia que estoy bien y yo saber que ellos también lo están. Ahora me siento como en casa, mañana, a enfrentar las calles de La Habana.

Este post corresponde a una serie de 17 escritos de Cuba, uno por cada día que estuve en la isla. Para leer el día dos puedes seguir este enlace: Día 2. Callejear La Habana

Acerca de Natalia Méndez Sarmiento

Voy por el mundo con una mochila al hombro y una libreta recolectando historias, experiencias, sensaciones, conociendo personas, disfrutando paisajes y escribiendo para difundir mi pasión por los viajes.

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Voy por el mundo con una mochila al hombro y una libreta recolectando historias, experiencias, sensaciones, conociendo personas, disfrutando paisajes y escribiendo para difundir mi pasión por los viajes.

2 Comentarios

  1. Seguros10.net 19 septiembre, 2017 en 11:02 - Responder

    Buenas

    Que tiempo has dedicado a tremendo a porte y hay cuantiosas informacion que no conocia que me
    has enseñado, esta maravilloso.. te queria agradecer
    el tiempo que dedicaste, con unas infinitas gracias,
    por aconsejar a personas como yo jojojo.

    Adios

    • Natalia Méndez Sarmiento 19 septiembre, 2017 en 11:22 - Responder

      Hola!

      Lo hago con todo el gusto, me encanta que los viajeros puedan encontrar información en mi blog. Espero que regreses a seguir leyendo y también nos cuentes tus experiencias.

      Un abrazo
      Naty

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