Día 16 . Algo Más Por Decir

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Día 16 . Algo Más Por Decir

Por | 2016-04-04T14:03:22+00:00 diciembre 30, 2015|Caribe, Cuba, Viajes|2 Comentarios

7 de octubre de 2015

¡Últimas horas de travesía cubana!, porque aunque mañana todavía estaré aquí hasta el mediodía, será tomando un autobús para llegar al aeropuerto, y un tantísimo de horas que voy a tener que esperar mientras sale el vuelo hacia Cancún. Con el tiempo final como premisa, me levanté esta mañana con la misma prisa del segundo día en Cuba, queriendo aprovechar cada segundo de las últimas horas, salí esta mañana a conocer lo que yo consideraba que me faltaba. En esta carrera, me topé de nuevo con La Habana que había dejado de caminar hace 10 días, y descubrí, que todavía tengo algo que decir:

POR FIN FUI AL MUSEO DE LA REVOLUCIÓN

Algo Más Por Decir de CubaSe me estaba escapando este gigantesco museo, al que tuve ganas de entrar desde que lo vi. La mañana en que salí con el único propósito de entrar, me encontré con Pablo en la puerta y comenzó la famosa Persecución Habanera, que fuera digna de un relato completo en el diario. Sin embargo hoy, nada se interpuso entre esta edificación que fuera antes el Palacio Presidencial, su contenido histórico, y yo.

Recién entré al edificio, pude oler La Revolución en los muros agujereados por las balas, durante la toma del mismo en 1957. El objetivo, era matar a Fulgencio Batista, y aunque no lo lograron, definitivamente dejaron impregnado su esfuerzo en el mármol de las paredes. Subí hacia el segundo piso donde comienza la exposición, pero antes de entrar a las salas me asomé por los balcones internos, para observar a decenas de niños con uniforme escolar, haciendo un tributo a la bandera de Cuba en el patio central. No escuché exactamente que decían porque las ondas de sonido se deformaban, pero si los vi marchar y saludar a un estandarte que volaba desde el techo hasta el piso.

Como estaba dispuesta a entender más sobre La Revolución, me detuve en cada sala por lo menos durante unos 30 minutos, a leer detenidamente las infografías, recortes de periódicos, placas conmemorativas, cartas, páginas de diarios, y todo lo que estaba allí tras las vitrinas esperando a ser leído. A la par que me inundaban sentimientos revolucionarios, por el ahínco y la decisión de estos hombres de liberar a Cuba de la opresión (aunque estoy en desacuerdo con algunas de sus tácticas), también me impresionaba, me erizaba la piel, y me enojaba ver las máquinas de tortura y los uniformes ensangrentados; pero, más que cualquier otra cosa, un mensaje corto pero contundente de un guerrillero a su madre cuando cayó preso.
Algo por decir de CubaEl segundo piso es menos terrorífico, porque las historias de guerra se acaban. Ya no hay homenajes a mujeres guerrilleras que dejaron todo por la causa, ni delantales de torturadores salpicados de sangre como si hubieran trabajado en una carnicería – parecido a lo que hicieron-, y mucho menos explicaciones explícitas del uso de ciertos aparatos inhumanos, que no vale la pena mencionar. Allí se encuentra la historia después de la guerra, cuando Fidel Castro ya estaba en el poder, y el socialismo se levantó como bandera de Cuba. Cero analfabetismo y cero pobreza, fueron los pilares que levantaron a esta isla mientras estuvo apoyada por la Unión Soviética, después la historia sería bastante desastrosa, según los propios cubanos con los que hablé.

¿De manera que tanta sangre, había valido la pena? No lo sé, yo solo digo que toda la historia me sonó familiar, no porque supiera exactamente de fechas, batallas y nombres, sino porque parece que los seres humanos, estuviéramos condenados a vivir en un círculo constante del que no aprendemos nunca. Todo comienza por una persona ambiciosa de poder y/o dinero, con ideas descabelladas de opresión, convencida que el mundo entero debe obedecer a sus caprichos egocéntricos. Generalmente, esta causa está apoyada – en el mundo occidental –  por Estados Unidos y la CIA si su lado del sendero es el derecho. Después llega el opositor que decide acabar con los años de opresión y liberar al pueblo, así que vienen las guerras, muertes, desaparecidos, inventos macabros para sonsacar información, exiliados, pobreza, madres desahuciadas, y unas cuantas barbaridades más. Cuando al fin la oposición gana, vienen años de gloriosa historia, hasta que el maniaco líder, lleva tanto tiempo con el poder en su mano que se niega a soltarlo, convencido que sin él la causa se derrumbará. Así, olvida el objetivo de trabajar por el pueblo y se hunde en el egocentrismo que llevó a su enemigo a destruir el país. Entonces, comienza de nuevo el círculo… un poco de estupidez, me parece que cargamos en la cabeza.

NO APRENDÍ A ENTABLAR CONVERSACIONES CON LOS CUBANOS

Al salir del Museo, pasé frente a un hombre cubano en la calle que comenzó a saludarme. Con todo el historial de anécdotas machistas en Cuba, preferí ignorarlo. Sin embargo me llamó la atención cuando ya estaba adelantada en el camino, porque no me gritó vulgaridades, ni siquiera un piropo que me hiciera sentir cohibida, sino que me dijo “muy buen tatuaje”, haciendo referencia al que llevo en la espalda. Me volteé, le sonreí, y le di las gracias.
algo por decir de cubaActo seguido se levantó y me persiguió. Mala señal. Me hizo las preguntas básicas y me invitó a tomar un trago en un supuesto restaurante que conocía. Para no pelear como lo venía haciendo, le dije que no me provocaba y llevaba prisa. Él insistió siguiendo mi camino por lo menos unas cinco cuadras, hasta que soltó la típica bomba cubana: “¿Nunca has tenido un amante negro?”. Le respondí que mi esposo era negro (por supuesto no tengo esposo), y que me estaba esperando en el hotel para salir a comer. Así que sin más remedio hizo su último tiro: “Lo que pasa en Cuba se queda en Cuba, yo te lo voy a hacer mejor que él”

Quedé sin palabras… una vez más, sólo me despedí y huí.

RESULTA QUE ALGUNOS HOMBRES, TAMBIÉN SE SIENTEN ACOSADOS EN CUBA

Quise recorrer por última vez la ciudad, así que tomé una guagua hasta el otro lado, donde comienzan los barrios de personas pudientes para volver caminando al centro. En el recorrido en el bus, se sentó a mi lado un holandés que me miraba como si tuviera muchas ganas de hablarme, pero no se atrevía a hacerlo. Hasta con los extranjeros estaba cohibida, por el tipo de Varadero que me mantuvo paranoica toda la noche, así que para cortar con su mirada fui yo quien hablé.

Me había equivocado en mi percepción, porque jamás me invitó a salir, ni dijo algo que fuera suficiente para sacarme de quicio una vez más. Por el contrario, me preguntó si para mí no era muy difícil viajar sola por Cuba, así que solté toda mi retahíla, y le conté una y diez historias de los últimos 16 días con respecto a los hombres en la calle. Sorpresivamente, él me dijo que le pasaba exactamente lo mismo pero con las mujeres, se sentía cohibido y no quería salir, porque en varias ocasiones se habían lanzado chicas a besarlo, e incluso lo habían tocado sin previo aviso mientras caminaba, ofreciéndole sexo a cambio de sus zapatos o su reloj.

Al parecer no es solo sugestión mía, sino que hay un discurso profundo acerca de la realidad cubana, que se esconde detrás de estas acciones.

SER VEGETARIANA, ES UNA TAREA DIFÍCIL EN LA ISLA

Hace tiempo dejé de decir que mi vegetarianismo es una cuestión ideológica, en especial mientras estoy viajando. Ahora invento que tengo un problema de salud, para evitar explicaciones y consiguientes burlas, cuestionamientos y juicios, o lo que es peor, ofender a alguna persona que se haya esforzado en hacerme un jugoso filete de res. En Cuba, así como en la mayoría de países de Centro América, se quedan estupefactos cuando de mi boca sale la palabra “vegetariana”, en especial porque los vegetales no son la comida más económica ni la más abundante de la Isla, y  suponen por consiguiente que voy a comenzar a morir de hambre, “¿Y qué va a comer muchacha?, aquí solo tenemos arroz” Es como si les hubiese dicho que paso mi vida comiendo pasto y lechuga.

No quiero hablar del concepto ovolactovegetariano, además porque me parece antipáticamente esnob. De un tiempo para acá, este tema de no comer carne se convirtió para miles en una moda y nada más que eso. Sin embargo es así como etiquetan, ya cuando digo que soy vegetariana, todos preguntan si no seré vegana, y me piden corregir el término a ovolactovegetariana (qué tema más aburrido) porque como huevos, leche y sus cincuenta mil derivados. A eso, le sumo cereales, granos, frutas, panes, pastas, y hasta azúcar sobre todo si está en forma de barra de chocolate, y cualquier otra cosa mientras no involucre un animal vivo o muerto. Es decir, que tampoco soy vegetariana por estar en una dieta adelgazante, si fuera así, no buscaría desesperada brownies, helados y galletas. Intenté explicarle eso en varias ocasiones a Yadira, mí casera en La Habana, pero solo se moría de risa cada vez que lo hablábamos y me ofrecía arroz con pollo desmenuzado, “porque así chiquitico ni se siente el sabor”.

Nunca supe cómo convencer a Yadira y a su tía que me servía el desayuno todas las mañanas, que mi preocupación no era el sabor, sino que después de haber pasado 10 años de mi vida sin probar un bocado de cadáver, lo más seguro es que terminara en el hospital con una obstrucción intestinal. Durante 16 días, tuve que inventar cualquier deschavetes. Porque decir que soy vegetariana, no fue suficiente.

ME FALTÓ UNA NOCHE HABANERA

algo más por decir de cuba

Una noche de chicas en La Habana

Yadira me insistió desde el primer día, en que si no salía a La Habana de noche es como si nunca hubiese ido. A mí la vida nocturna de las ciudades no me apetece en lo más mínimo, ni de Cuba, ni de ningún lugar. Yo prefiero estar descansando a las 9 de la noche, para aprovechar la luz que es mi fiel compañera, y bajo ella me siento mucho mejor.

Sin embargo, Yadira había insistido tanto, que hoy salimos a bailar, beber cerveza y disfrutar como no lo habíamos hecho. Al menos esa era la idea. Ella, su hermana y su prima, se arreglaron con sus mejores galas, se maquillaron, y duraron unas dos horas en el baño peinándose. Yo no estaba preparada para tal velada, así que salí con una pinta descontextualizada, pero con el ánimo de conocer la noche habanera.

No sé qué sucedió, porque las promesas que me habían hecho se esfumaron con el recorrido por las calles. El silencio del Casco Antiguo de La Habana era asustador, no había ni un solo bar abierto, ni música en la calle, ni siquiera personas. Yadira apenada me dijo que la fiesta era en otros barrios, pero su hermana insistió en que no íbamos a gastar dinero atravesando la ciudad. Luego de varias discusiones entre ellas tres acerca de un lugar apropiado, terminamos en la terraza del Hotel Inglaterra, uno de los más antiguos y exclusivos de La Habana, donde se han hospedado políticos y legendarios artistas.

La fiesta estaba a cargo de tres músicos cubanos, cantando conocidas tonadas de Buena Vista Social Club, de las que Yadira despotricó porque le parecía aburridísimo el son cubano, y prefería el reggaetón. Nos tomamos una cerveza cada una, ellas tomaron una cantidad descomunal de selfies, para mostrar al público sin acceso a redes sociales que habíamos estado en aquel hotel, y a las 11 de la noche, ya dormíamos  plácidamente en nuestras respectivas habitaciones en casa de Yadira.

Ese, fue uno de tantos pendientes en La Habana, tal vez para un post consecuente a este que lleve por nombre: “Algo Más Por Decir, Además De Lo Que Ya Dije”. Porque si no conocí la verdadera fiesta  en La Habana, es como si nunca hubiera venido.

Este post corresponde a una serie de 17 escritos de Cuba, uno por cada día que estuve en la isla. Para leer el día 17 puedes seguir este enlace: Día 17 . Cielo y El Infierno

Acerca de Natalia Méndez Sarmiento

Voy por el mundo con una mochila al hombro y una libreta recolectando historias, experiencias, sensaciones, conociendo personas, disfrutando paisajes y escribiendo para difundir mi pasión por los viajes.

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Voy por el mundo con una mochila al hombro y una libreta recolectando historias, experiencias, sensaciones, conociendo personas, disfrutando paisajes y escribiendo para difundir mi pasión por los viajes.

2 Comentarios

  1. Paula 30 marzo, 2016 en 06:36 - Responder

    Yo no pude entrar al Museo de la Revolución :'( Cuando fui lo estaban restaurando y permaneció cerrado todo el tiempo. Me tocó conformarme con el de la Plaza de la Revolución

    • Natalia Méndez Sarmiento 30 marzo, 2016 en 11:56 - Responder

      Es una lástima que te lo hayas perdido, porque es muy bueno. La verdad que si es escalofriante, pero también aprendes mucho sobre la historia de Cuba. ¿El de La Plaza es el que está debajo del monumento a Marti?, ese no lo conocí.

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