Iguazú Despertó Mis Sentidos

Fueron diecinueve horas viajando desde Buenos Aires  a Puerto Iguazú en autobús, viendo el mismo paisaje frente a nuestras narices. Al legar, soñábamos con acampar bajo la luz de la luna, pero terminamos durmiendo sobre un piso de cemento y bajo techo porque estaban cayendo torrenciales aguaceros. Nos advirtió Oscar, el dueño del camping, un viejo con canas que llegaban más abajo de sus hombros, que si seguía lloviendo de esa manera podrían cerrar la entrada al parque lo que sería una terrible noticia.

Al día siguiente el clima no prometía grandes cambios, aun así tomamos un bus sobre la ruta hacia el Parque Nacional Iguazú y en 20 minutos llegamos a la entrada con filas interminables de personas. No sabía que esperar al entrar. Había escuchado varias veces que las cataratas eran indescriptibles y tenía la referencia de Oscar acerca de la belleza de la naturaleza. Él nos contó que era artesano hacía muchos años y conocía una cantidad interminable de lugares, pero ninguno lo había llamado a dejar su vida nómada, sin embargo al ver las cataratas decidió que allí era donde quería vivir el resto de su existencia en la Tierra y pasó penurias para lograrlo. Así que pensé que si ese hombre nómada había abandonado sus viajes por las cataratas, debían por lo menos ser “bonitas”.

Entramos al parque e hicimos un recorrido por Macuco, un sendero en el que solo estábamos Rodrigo, la naturaleza y yo. La razón de la desolación, era que el gran atractivo estaba cerrado, unas pequeñas caídas de agua que llegan a un río en medio de la selva al final del camino. A pesar de no verlas Macuco me encantó. Me encontré con animales y sensaciones que no había visto o vivido como un tucán reposando en un árbol, hormigas gigantes que igualaban su altura a las suelas de mis botas y ruidos extraños de animales que no pude identificar. Casi sentí el miedo de ver a un puma salir tras los árboles, el sendero estaba lleno de avisos que pedían precaución con las serpientes y mamíferos felinos de gran tamaño. No los vi, ¿mala o buena suerte? no lo sé. Al terminar el recorrido entre los sonidos de la selva, tomamos rumbo hacia las plataformas para ver las cataratas. No tenía idea de que me esperaba pero sabía que algo maravilloso iba a suceder. Podía escuchar a lo lejos el estruendoso sonido del agua y estaba ansiosa por el espectáculo de la naturaleza.

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Luego de andar unos minutos entre la selva sobre plataformas y ver el agua caer en forma de pequeños chorros en medio de los árboles hubo un claro, y allí, estaban frente a mí el río Iguazú, una espesa capa de vegetación y cientos de caídas de agua que hacían un estruendoso ruido armonioso. Fue abrumador, por un lado mi corazón quería explotar de emoción porque nuevamente sentía que lo había logrado, estaba en un lugar en el que había soñado estar. Y por otro lado tenía la sensación de pequeñez, me sentía como un diminuto grano de arena en el desierto. Quedé estupefacta en un acto absoluto de contemplación, una especie de trance que solo la naturaleza me puede generar. Había cientos de turistas que iban de un lado a otro tomándose fotografías y contemplando el paisaje. No sentía incómoda su presencia como a veces me ocurre a causa del ruido o la contaminación que generan los seres humanos inadaptados a encuentros con la naturaleza. Las  cataratas tienen tal energía que todo lo demás se olvida.

Caminamos hacia una plataforma cercana al salto Boccetti, había muchas personas con capas de plástico tomándose fotografías, nunca pude entender porque llevaban puestas esas capas, hacía calor y la ropa mojada se secaba rápido, ¿por qué les da miedo mojarse?, no lo entendía. Esperamos que la gente se fuera y caminamos con Rodrigo hacia el final de la plataforma. No tengo idea de la manera en que puedo describir la sensación, eran toneladas de agua que caían cada segundo hacia el río y parecían venirse encima de mí, nunca había visto tanta agua caer al mismo tiempo. El sonido del choque me ensordecía, no sabía que hablaban las personas a mi alrededor y por momentos el agua pulverizada que saltaba sobre mí no me dejaba abrir los ojos o siquiera respirar, oleadas de bruma venían sobre mi cuerpo y lo helaban por segundos de pies a cabeza.

Terminé empapada, mi reacción solo fue sonreír, no me alcanzaban los labios para hacerlo así que se me escurrieron las lágrimas y me quedé sin palabras, sin voz, sin aliento. Cerca de mí, había una mujer a quien las lágrimas no paraban de salir de sus ojos y me sonreía, no podía creer lo que estaba sintiendo al igual que yo. Es una de las sensaciones más increíbles que recuerde en toda mi vida.

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Caminamos entre varios saltos por encima y debajo. Cuando la plataforma pasaba por encima de las caídas me hipnotizaba, el agua a toda velocidad bajo los pies y al final el abismo lleno de bruma invitaba casi a botarse al vacío; no daba miedo era una cuestión de dejarse llevar, al parecer varias personas han dado fin a su vida en ese lugar y entiendo la razón, no tengo pensamientos ni sentimientos que me inviten a quitarme la vida pero es tan abrumador que solo es saltar.

Faltaba una parte de recorrido, según lo que había escuchado era el lugar más impresionante de todos -La Garganta del Diablo- lo dejamos para el final para guardar la expectativa. No sabía si podía sorprenderme, después del recorrido parecía que ya lo había visto todo. Tomamos un tren entre la selva que nos llevó a un plataforma extensa pasando sobre el río en la parte alta. Se veía tranquilo y marrón, como el agua estaba turbia por las lluvias de los últimos días no se veían animales en la profundidad -vi antes de ir al parque varias fotos de ese mismo río cristalino y animales nadando bajo la plataforma-.

Fueron unos cinco minutos o tal vez más de recorrido. Luego de la calma comencé a escuchar a lo lejos de nuevo el sonido ensordecedor de una caída de agua, aún no podía ver de qué se trataba pero el sonido me daba pistas de estar caminando hacia algo impresionante, el río permanecía igual y no parecía ir hacia el abismo. Unos metros más de recorrido y la naturaleza me impactó de nuevo. Toneladas y toneladas de agua por minuto cayendo por un abismo en forma de media luna de 80 metros de profundidad. Me paré frente al barandal y solo veía el agua caer, sin palabras, una vez más no puedo describir la sensación, de vez en cuando un baldado de agua me caía encima y me mojaba de pies a cabeza, entre la bruma aparecía el arco iris cuando el sol se asomaba entre la nubes e increíblemente veía pájaros que atravesaban las columnas de agua, luego supe que eran vencejos que hacen sus nidos tras la catarata. Sin lugar a dudas Las Cataratas de Iguazú son el lugar más maravilloso que mis sentidos hayan percibido. Esa noche no pude dormir, estaba ansiosa porque al día siguiente tomaríamos un bus para cruzar la frontera e ir al lado brasilero del parque.

Por un par de horas experimenté por primera vez estar en un país de habla diferente al castellano. Me parecía curioso que todo estuviera escrito en portugués y debajo traducido al español – muy mal traducido-, había letreros sin sentido por lo cual me pregunté si en los países hispanos todos los letreros en inglés u otro idioma serán patéticos.

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En Foz de Iguazú el parque es diferente, durante el recorrido no hay manera de interactuar con las cataratas porque se encuentran del otro lado del río, es más un acto de contemplación, es la panorámica del paisaje. No obstante, siguen hipnotizando a los turistas. En cada estación podía quedarme durante mucho tiempo viendo el agua correr y escuchando el armonioso sonido del río y los animales de la selva brasilera. Solo al final volví a sentir la increíble majestuosidad de las cataratas en una plataforma  sobre un lago formado por una caída enorme que me empapaba con solo la brisa. Como en Argentina, las personas corrían con sus capas de plástico para no mojarse y alcanzar a tomarse la foto. Yo solo abría los brazos, cerraba los ojos y me dejaba llevar por el sonido, cada brisa de agua helada me recordaba lo pequeña que soy en el universo y la imponencia de la indomable naturaleza.

Cuando alguien me pregunta cuál fue el lugar que más me gustó de los que visité en Sur América respondo sin pensarlo que Las Cataratas de Iguazú -¿por qué?- me preguntan. Puedo decir que es un lugar increíble, que la energía del agua y la imponencia de la naturaleza son conmovedoras y puedo gastarme cientos de adjetivos tratando de describir el lugar, pero la única manera de entenderlo, es vivirlo.

About Natalia Méndez Sarmiento

Voy por el mundo con una mochila al hombro y una libreta recolectando historias, experiencias, sensaciones, conociendo personas, disfrutando paisajes y escribiendo para difundir mi pasión por los viajes.

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