¿Qué Playa Te Provoca?

Me he despertado esta mañana con la tranquilidad inherente de estar en mi hogar. Tomé un té de frutas a toda velocidad, porque debía salir a un encuentro de trabajo a varias calles de mi casa. Respiré el frío de la mañana empañada al abrir la puerta, y sonreí al aire y a la vida antes de comenzar mi marcha. Escuché algunas guitarras a través de mis audífonos, y caminé hasta el paradero del autobús con un aire de felicidad, tarareando mi canción del día. Sin embargo, el clima festivo de mi propia creación, se fue apaciguando con el rugir de los autos, los motociclistas aventándose entre carriles, casi esquivando a la muerte, y los ciclistas cerca de la acera, a un centímetro de engancharse a mi bolso.

El autobús era un caos, la respiración libre que había sido mi impulso para comenzar la mañana, ahora estaba atiborrada de calor humano. No era si acaso necesario agarrarme de un barandal, porque el mismo tumulto me sostenía en la frenadas intempestivas del conductor, que se desesperaba al igual que sus pasajeros con cada embotellamiento. Todos miraban la hora cuando podían sacar sus manos, algunos gritaban pidiendo más velocidad, aunque fuese imposible acelerar, y después de una hora, no veía ni el antiguo edificio corporativo que me indicaba la mitad del camino.

Pensaba antes de hacer del viaje una forma de vida, que era  una mujer citadina, y que me acostumbraba más fácil a la polución y el caos, que al silencio y a las horas largas. Pero me he dado cuenta que me mentía, tal vez porque no conocía la rutina de pequeños lugares sumergidos en la naturaleza. Así, que empecé a pensar en el día que abandone mi vida nómada, y sólo la puedo imaginar asentada frente al océano que me transporta hacia el interior de mí ser.

¿Por qué me anticipo al tiempo, escribiendo fantasías?, puede ser porque las palabras las pueden convertir en realidades. Estas, son las playas que me provocaron porque viví en ellas, o que me provocan porque a algún curioso me las recomendó, y aún son un misterio para mis sentidos:

El Océano Pacífico, en Santa Teresa – Costa Rica

Allí viví, y la revivo a cada instante queriendo regresar. Son kilómetros y kilómetros de arena, algunos con diminutas piedras que brillan bajo los pies. Estas playas, se extienden recibiendo al imponente Océano Pacífico, amor de amores de cientos de surfistas. Cuando la marea sube, se forman en ciertos tramos piscinas de agua salada tibias, para meterse a descansar junto a diminutos pececitos, que quedan allí estancados mientras las olas regresan y los llevan de vuelta al mar. Lo mejor de esta playa, son sus atardeceres, cada día tan diferentes, mágicos, y reflexivos.
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El Caribe, en Tulum – México

Me atrapó Tulum, por eso digo con seguridad que las playas me hipnotizan y son mi lugar en el mundo. Sin embargo, no me atrevo a decir que sólo me provoca vivir en este destino del Caribe mexicano, porque existe también Isla Mujeres, por ejemplo, donde el mar turquesa y de diferentes tonalidades, se extiende pacíficamente hacia el horizonte, y rompe en extensas playas blancas que parecen cubiertas de harina, y no arena. Además, son lugares llenos de color, y con la cultura prehispánica latiendo en sus aguas y sus ruinas.
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El Mediterráneo, en Mallorca – España

Hasta ahora no he viajado por otros continentes más que el americano, pero he leído y he soñado con otros destinos, que hacen parte de la lista de los lugares que alguna vez quiero conocer. Entre estos, están las playas de Mallorca en España, que tanto me han recomendado mis amigas viajeras oriundas de este país peninsular. La razón, es que es una isla enorme bañada por el Mar Mediterráneo, cundida de paisajes montañosos y llanuras. Como la cereza del pastel, algunas de sus playas se han resistido al cemento y aún se conservan vírgenes. Un tiempo viviendo allí, no me vendría nada mal.

El Mediterráneo en Córcega – Francia

Repito el Mediterráneo porque sólo evocarlo me provoca, y más aún si es en Córcega, una isla perteneciente a Francia, cuyo nombre también la envuelve en un halo de misticismo. Y no es para menos, pues ha hecho parte de batallas históricas por su impresionante geografía y su privilegiada posición en el océano. Además de las playas, posee una cadena de montañas que por temporadas se recubren de nieve, y una mezcla cultural debido a las conquistas diversas a lo largo de su existencia. Así, que no solo me dejo llevar por mares azules cristalinos que también los posee la isla de Córcega, sino por su historia de la que hace parte hasta Napoleón Bonaparte.

El Océano Índico, en Las Isla Comoras – África

Sólo escribir “África”, ya me transporta hacia otro universo. Ahora, a las ganas de viajar a este continente, tan solo por ser la cuna de la humanidad, le sumo que hay un archipiélago del que hace poco me enteré de su existencia, llamado Comoras, compuesto por cuatro islas, que a su vez son apodadas “Islas de la Luna”, debido a la geografía que ha creado la lava en millones de años.  ¿Necesito más para soñarlas?

Mar de Java, en el archipiélago de Karimunjawa – Indonesia

No saber que existe un lugar en el mundo hasta que alguien te habla de este, me hace sentir vergüenza, pero al mismo tiempo, expectativa. Así fue con este destino de nombre divertido que ahora repito con alegría. Lo que me sucede con estos lugares tan lejanos, difíciles de pronunciar, y exóticos, aunque Indonesia sea bastante turística, es que sé que sus playas van a estar más llenas de cultura y aprendizaje que de agua salada, al menos para mí. De manera que con estas características, podría evadir cualquier descripción del mar aunque sea exageradamente cristalino, y empaparme de humanidad.

El Océano Atlántico, en el Tayrona – Colombia

No podía terminar mi pequeña lista, sin nombrar mi natal Colombia de paisajes exuberantes. He ido varias veces a este Parque Natural al pie de la Sierra Nevada de Santa Marta, y siempre me evoca paz y armonía. Estas playas están rodeadas de la espesa selva que sube hacia la montaña, donde aún viven indígenas Arhuacos, quienes indican a los más osados el camino a sus tierras altas. El mar no es calmo, y es tal vez esta una de las características que más me llama, porque el sonido de las olas chocando contra las inmensas piedras, me recuerda la imponencia de la madre naturaleza, y la energía viva en constante movimiento de la que hacemos parte.

La Tierra es inmensa, y cada lugar tiene un grano que aportarnos a nuestros sentidos físicos y espirituales. A mí, me tientan las playas, siento que hago parte de ellas y ellas de mí. ¿Qué otros paraísos oceánicos me recomiendas, para emprender nuevas aventuras?
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About Natalia Méndez Sarmiento

Voy por el mundo con una mochila al hombro y una libreta recolectando historias, experiencias, sensaciones, conociendo personas, disfrutando paisajes y escribiendo para difundir mi pasión por los viajes.

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  1. Lina Maestre 16 Marzo, 2016
    • Natalia Méndez Sarmiento 17 Marzo, 2016
  2. GJ. 17 Marzo, 2016
  3. Miguel Santamaria 18 Marzo, 2016
    • Natalia Méndez Sarmiento 18 Marzo, 2016
      • Miguel Santamaria 20 Marzo, 2016
      • Natalia Méndez Sarmiento 20 Marzo, 2016
  4. Andrea Benavides 12 Abril, 2016
    • Natalia Méndez Sarmiento 13 Abril, 2016

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