Síntomas de la viajera en casa

Hace exactamente un año regresaba a casa, después de una larga travesía de catorce meses por Centro América y México. Venía a saludar, necesitaba regresar a reencontrarme con mis raíces, desayunar junto a mi familia, reconocer a mis amigos y caminar por Bogotá. Hace parte de la rutina de un viajero regresar siempre aunque el alma siga en la ruta, porque a pesar de la felicidad de una vida andante, se extrañan las costumbres, las personas y los lugares.

Era una idea que se suponía concretada, regresar a mi viaje pocos meses después. Siento curiosamente nostalgia de los lugares que no conocí, porque ya estaban señalados en el mapa, Oaxaca por ejemplo, o las calles de Guanajuato; pero el universo me tenía preparadas otras cosas y por eso un incidente en la frontera con México, no me permitió seguirlo recorriendo. Ya pasaron los meses después de ese 14 de abril, y me propuse hacer del 2016 un viaje entre mis letras para que nuevos proyectos salgan a la luz. No he parado ni por un día de planear el siguiente viaje, ahorrar, escribir y leer historias de otros viajeros para inspirarme.

El día que me devolvieron del aeropuerto Benito Juárez, algunos pensaron que ahora si iba a parar, pues había sido el destino mismo, la vida, quien se había encargado de devolverme. A lo mejor en un rinconcito oscuro de mi ser, también lo pensé. Me sentí en una jaula y durante las primeras semanas quise renunciar a un sueño, habían logrado su cometido: derrotarme.

Pero una vez superado el impase, con los pies en la tierra y las alas listas, comenzó de nuevo mi travesía mental por otros mundos y ahora, un año después de haber regresado a casa, puedo asegurar que mi espíritu es nómada y tengo un alma inquieta y curiosa. Lo sé ahora porque a pesar de todo, otra vez veo que este no es mi lugar. Puede que no tenga lugar, muchos viajeros lo suelen sentir, estamos en un constante movimiento dentro de la incertidumbre y la angustia de estar aquí pero queriendo estar allá y viceversa.

Mi tiempo de estar aquí ya pasó, cumplí los objetivos por los que regresé en noviembre pasado: me ensalcé en mi familia, mi cama, mi cocina, mi Colombia. Pero no pertenezco al mundo de la rutina, de la estática, de la inmovilidad. Extraño los días de viaje y todo lo que conllevan: las personas nuevas, la familia viajera, los paisajes desolados, los nuevos idiomas, el olvido del tiempo, el fluir de la vida, los choques con el mundo y conmigo, la mochila raída, las noches en carpa, el océano, los atardeceres y hasta las charlas con mi mamá por videollamada; extraño incluso, extrañar lo que tengo ahora.

Así que hoy un año después de mi regreso, reconfirmo que sí soy una viajera y que a pesar de querer regresar siempre, una parte de mí nunca vuelve. Vivo en un constante vaivén que me inquieta, colmado de síntomas que supongo serán normales de una infinita viajera.

sintomas_del_viajero_cuentos_de_mochila_2

Ando pensando demasiado por estos días

Síntoma # 1
EL AGUANTE

Estoy escribiendo desde el computador del trabajo, sí, tengo un trabajo al que no puedo llamar propiamente excitante. No quiero estar aquí, pero toda la avalancha de la vuelta de México fue tan abrumadora, que fue la única manera rápida que encontré para ahorrar y volver a irme después. ¿Han tenido esa odiosa sensación de saber que no nacieron para hacer lo que están haciendo? Bueno, yo la tengo en este momento. He vivido meses fuera de casa viajando y sé que no necesito la llamada “estabilidad económica” para sobrevivir. Por esa misma razón al verme aquí encerrada y saber que no es necesaria esta insana rutina, el primer síntoma aparece y cada día que me levanto tengo que repetirme: “aguanta un poco más Naty, todo sea por viajar”.

Síntoma # 2
EL AHORRO OBSESIVO

Nada vale para gastar, pero no siento que me esté cohibiendo, al contrario, me libero de gastos que al final serán para el viaje. No me provocan los restaurantes, los taxis, celulares nuevos, ropa o pagos mensuales por paquetes de datos. Tal vez el cine, un libro, un paseo al campo, un regalo para alguien especial, algo que me llene tanto como viajar son mis únicos gastos extra. No quiero nada material que me ate o que me haga permanecer más tiempo en el estado físico y mental del aguante.

Síntoma # 3
NO ME HALLO

No estoy allá -donde quiera que sea allá-, pero casi. Ando siempre mirando mapas, rutas, destinos, fotografías y repitiendo que el próximo año me vuelvo a ir. Me lo repito a mí, a mis amigos, a mi familia, a mi jefe, en mis sueños, en mis escritos y en el blog. A veces me levanto pensando cuál es la razón para vivir un presente en el que no me acomodo, y luego me acuerdo que todo pasa por algo y que estamos donde tenemos que estar, por razones que al principio no entendemos hasta que abrimos los ojos del corazón.

Síntoma # 4
LA GENTE NO ME IMAGINA AQUÍ

Muchas veces me ha pasado que la gente al hablarme me pregunta: “Naty, ¿Estás en Bogotá?”, o, “¿Y en dónde estás ahora? Cuando contesto que estoy en casa y vuelven a preguntarme cuatro meses después… y yo sigo en casa, siento una especie de obligación conmigo de partir. Es parecida a la sensación que tengo cuando digo que soy diseñadora gráfica, pero hago cualquier otra cosa que no tiene que ver con mi profesión. Me explico: las personas que me rodean me ven como una viajera y yo tengo el alma en la ruta, pero estoy aplastada 8 horas en un trabajo que no me satisface; así que lo digo pero no lo hago, lo cual me causa momentos de profunda rabia conmigo y mis decisiones.

Síntoma # 5
TODO ES TEMPORAL

Aunque existen cosas que no se quisieran temporales, las hay, incluso las relaciones. Ya sea de pareja o con un trabajo, el contrato siempre comienza firmado con un trato de temporalidad que anuncia: “en tantos meses me voy”. El quinto síntoma crea bastantes conflictos, porque los viajes se anteponen a casi cualquier cosa, y en este caso me cierro a posibilidades e incluso al presente, por estar pendiente de no atarme a nada y poder irme tranquila. A veces me siento prisionera de mis propios deseos.

LA BUENA NOTICIA

La buena noticia al final del día luego de padecer tantos síntomas, es que hay un nuevo sueño que me mantiene sonriente, viva y activa: un libro de mis viajes por Latinoamérica, que se ha ido escribiendo con chocolate caliente en las madrugadas… ahí les dejo la primicia. 

About Natalia Méndez Sarmiento

Voy por el mundo con una mochila al hombro y una libreta recolectando historias, experiencias, sensaciones, conociendo personas, disfrutando paisajes y escribiendo para difundir mi pasión por los viajes.

Comments 9

  1. sandra milena torres correa 18 Noviembre, 2016
  2. Luis Reyes 18 Noviembre, 2016
    • Natalia Méndez Sarmiento 18 Noviembre, 2016
  3. PAPA 18 Noviembre, 2016
    • Natalia Méndez Sarmiento 18 Noviembre, 2016
      • Marta 21 Noviembre, 2016
        • Natalia Méndez Sarmiento 25 Noviembre, 2016
  4. Paula 22 Noviembre, 2016

Deja un comentario