Síntomas de la viajera en casa

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Síntomas de la viajera en casa

Por | 2017-05-31T23:44:34+00:00 noviembre 17, 2016|Pensamientos Viajeros, Reflexiones|9 Comentarios

Hace exactamente un año regresaba a casa, después de una larga travesía de catorce meses por Centro América y México. Venía a saludar, necesitaba regresar a reencontrarme con mis raíces, desayunar junto a mi familia, reconocer a mis amigos y caminar por Bogotá. Hace parte de la rutina de un viajero regresar siempre aunque el alma siga en la ruta, porque a pesar de la felicidad de una vida andante, se extrañan las costumbres, las personas y los lugares.

Era una idea que se suponía concretada, regresar a mi viaje pocos meses después. Siento curiosamente nostalgia de los lugares que no conocí, porque ya estaban señalados en el mapa, Oaxaca por ejemplo, o las calles de Guanajuato; pero el universo me tenía preparadas otras cosas y por eso un incidente en la frontera con México, no me permitió seguirlo recorriendo. Ya pasaron los meses después de ese 14 de abril, y me propuse hacer del 2016 un viaje entre mis letras para que nuevos proyectos salgan a la luz. No he parado ni por un día de planear el siguiente viaje, ahorrar, escribir y leer historias de otros viajeros para inspirarme.

El día que me devolvieron del aeropuerto Benito Juárez, algunos pensaron que ahora si iba a parar, pues había sido el destino mismo, la vida, quien se había encargado de devolverme. A lo mejor en un rinconcito oscuro de mi ser, también lo pensé. Me sentí en una jaula y durante las primeras semanas quise renunciar a un sueño, habían logrado su cometido: derrotarme.

Pero una vez superado el impase, con los pies en la tierra y las alas listas, comenzó de nuevo mi travesía mental por otros mundos y ahora, un año después de haber regresado a casa, puedo asegurar que mi espíritu es nómada y tengo un alma inquieta y curiosa. Lo sé ahora porque a pesar de todo, otra vez veo que este no es mi lugar. Puede que no tenga lugar, muchos viajeros lo suelen sentir, estamos en un constante movimiento dentro de la incertidumbre y la angustia de estar aquí pero queriendo estar allá y viceversa.

Mi tiempo de estar aquí ya pasó, cumplí los objetivos por los que regresé en noviembre pasado: me ensalcé en mi familia, mi cama, mi cocina, mi Colombia. Pero no pertenezco al mundo de la rutina, de la estática, de la inmovilidad. Extraño los días de viaje y todo lo que conllevan: las personas nuevas, la familia viajera, los paisajes desolados, los nuevos idiomas, el olvido del tiempo, el fluir de la vida, los choques con el mundo y conmigo, la mochila raída, las noches en carpa, el océano, los atardeceres y hasta las charlas con mi mamá por videollamada; extraño incluso, extrañar lo que tengo ahora.

Así que hoy un año después de mi regreso, reconfirmo que sí soy una viajera y que a pesar de querer regresar siempre, una parte de mí nunca vuelve. Vivo en un constante vaivén que me inquieta, colmado de síntomas que supongo serán normales de una infinita viajera.

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Ando pensando demasiado por estos días

Síntoma # 1
EL AGUANTE

Estoy escribiendo desde el computador del trabajo, sí, tengo un trabajo al que no puedo llamar propiamente excitante. No quiero estar aquí, pero toda la avalancha de la vuelta de México fue tan abrumadora, que fue la única manera rápida que encontré para ahorrar y volver a irme después. ¿Han tenido esa odiosa sensación de saber que no nacieron para hacer lo que están haciendo? Bueno, yo la tengo en este momento. He vivido meses fuera de casa viajando y sé que no necesito la llamada “estabilidad económica” para sobrevivir. Por esa misma razón al verme aquí encerrada y saber que no es necesaria esta insana rutina, el primer síntoma aparece y cada día que me levanto tengo que repetirme: “aguanta un poco más Naty, todo sea por viajar”.

Síntoma # 2
EL AHORRO OBSESIVO

Nada vale para gastar, pero no siento que me esté cohibiendo, al contrario, me libero de gastos que al final serán para el viaje. No me provocan los restaurantes, los taxis, celulares nuevos, ropa o pagos mensuales por paquetes de datos. Tal vez el cine, un libro, un paseo al campo, un regalo para alguien especial, algo que me llene tanto como viajar son mis únicos gastos extra. No quiero nada material que me ate o que me haga permanecer más tiempo en el estado físico y mental del aguante.

Síntoma # 3
NO ME HALLO

No estoy allá -donde quiera que sea allá-, pero casi. Ando siempre mirando mapas, rutas, destinos, fotografías y repitiendo que el próximo año me vuelvo a ir. Me lo repito a mí, a mis amigos, a mi familia, a mi jefe, en mis sueños, en mis escritos y en el blog. A veces me levanto pensando cuál es la razón para vivir un presente en el que no me acomodo, y luego me acuerdo que todo pasa por algo y que estamos donde tenemos que estar, por razones que al principio no entendemos hasta que abrimos los ojos del corazón.

Síntoma # 4
LA GENTE NO ME IMAGINA AQUÍ

Muchas veces me ha pasado que la gente al hablarme me pregunta: “Naty, ¿Estás en Bogotá?”, o, “¿Y en dónde estás ahora? Cuando contesto que estoy en casa y vuelven a preguntarme cuatro meses después… y yo sigo en casa, siento una especie de obligación conmigo de partir. Es parecida a la sensación que tengo cuando digo que soy diseñadora gráfica, pero hago cualquier otra cosa que no tiene que ver con mi profesión. Me explico: las personas que me rodean me ven como una viajera y yo tengo el alma en la ruta, pero estoy aplastada 8 horas en un trabajo que no me satisface; así que lo digo pero no lo hago, lo cual me causa momentos de profunda rabia conmigo y mis decisiones.

Síntoma # 5
TODO ES TEMPORAL

Aunque existen cosas que no se quisieran temporales, las hay, incluso las relaciones. Ya sea de pareja o con un trabajo, el contrato siempre comienza firmado con un trato de temporalidad que anuncia: “en tantos meses me voy”. El quinto síntoma crea bastantes conflictos, porque los viajes se anteponen a casi cualquier cosa, y en este caso me cierro a posibilidades e incluso al presente, por estar pendiente de no atarme a nada y poder irme tranquila. A veces me siento prisionera de mis propios deseos.

LA BUENA NOTICIA

La buena noticia al final del día luego de padecer tantos síntomas, es que hay un nuevo sueño que me mantiene sonriente, viva y activa: un libro de mis viajes por Latinoamérica, que se ha ido escribiendo con chocolate caliente en las madrugadas… ahí les dejo la primicia. 

Acerca de Natalia Méndez Sarmiento

Voy por el mundo con una mochila al hombro y una libreta recolectando historias, experiencias, sensaciones, conociendo personas, disfrutando paisajes y escribiendo para difundir mi pasión por los viajes.

Acerca del Autor:

Voy por el mundo con una mochila al hombro y una libreta recolectando historias, experiencias, sensaciones, conociendo personas, disfrutando paisajes y escribiendo para difundir mi pasión por los viajes.

9 Comentarios

  1. sandra milena torres correa 18 noviembre, 2016 en 08:35 - Responder

    Estos pequeños “quiebres” de lo cotidiano sirven para favorecer aun mas a tu inspiración y para que el alma continúe en el camino, ahora nos seguirás picando el antojo de no detenernos tampoco y de echar vuelo, en hojas de bitácoras y sueños cumplidos.

  2. Luis Reyes 18 noviembre, 2016 en 08:51 - Responder

    Naty, aunque regresé del “camino” hace algunos meses, ya estoy sintiendo los sintomas a lo que te refieres. Creo que los Ingleses llamaban a eso Fiebre del Viajero. Ya en New Jersey el otoño se está acabando y el invierdo está en la puerta. Me llama el camino, la gente, la inseguridad del próximo dia, en fin, todo lo que los viajeros impenitentes sabemos. Creo que con esos sintomas viviré siempre. Es que quiero estar en casa, pero el camino me llama. Vivo a cada paso con esa dicotomía: Sé que no puedo vivir viajando para siempre, pero tampoco puedo estar en el mismo sitio “forever”. Gracias por tu blog.

    • Natalia Méndez Sarmiento 18 noviembre, 2016 en 21:37 - Responder

      Luis, hace parte de la belleza sentirse así; si no fuera por estás sensaciones que nos ahogan por momentos, no habría nada que nos invitara a salir de nuevo. No podremos viajar por siempre, pero mientras tengamos la fuerza para hacerlo, recorramos mundos y vivamos con esa incertidumbre del día a día, y con la felicidad de las pequeñas cosas que se encuentran en el camino. Gracias por tus palabras, y espero que vueles pronto nuevamente. Naty

  3. PAPA 18 noviembre, 2016 en 12:20 - Responder

    Despliega tus alas y vuela…..

    • Natalia Méndez Sarmiento 18 noviembre, 2016 en 21:38 - Responder

      Por ese camino voy, y tu me estás ayudando a elaborar mi pista. Gracias. Te adoro

      • Marta 21 noviembre, 2016 en 10:00 - Responder

        Uff… yo regresé hace dos meses después de un año de viaje y no has podido describir mejor lo que se siente, lo que pesa el día a día y la insistencia de esa idea fija que no tiene manera de salir de la cabeza: viajar, viajar, viajar…. ¡Gracias por contarlo tan bien!

        • Natalia Méndez Sarmiento 25 noviembre, 2016 en 13:07 - Responder

          Hola Marta!!! bueno, pues no me siento tal sola entonces, ojalá tus ideas como las mías, se hagan realidad pronto. Un abrazo! Naty

  4. Paula 22 noviembre, 2016 en 20:16 - Responder

    Uff… Totalmente identificada. Tener que estar donde no quieres es lo peor!!! Y a veces la ilusión de volver a ser libre no es suficiente incentivo para olvidar el presente. Pero pronto, pronto!! Un abrazo Naty y acepta mi invitación al chocolate con arepas!!!

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