Una Historia De Amor

Una Historia De Amor

Por | 2016-03-12T21:41:10+00:00 noviembre 2, 2014|Pensamientos Viajeros, Reflexiones|Sin comentarios

Ella andaba por la vida rodando, pensando que su destino estaba escrito y sellado claramente dentro de un círculo irrompible que trazaba un camino constante. Se levantaba de un sopetón con el primer timbre del despertador, cuando aún el sol dormía en esa parte del mundo y medio inconsciente, caminaba hasta la ducha para bañarse con los ojos cerrados, hasta lograr abrirlos del todo en su desayuno sin entender que el agua caliente había rodado por su cuerpo. Si le preguntan ahora, no recuerda que alimentos entraban a su boca porque hacían parte de la rutina diaria y el sabor no era lo que importaba, sino evitar el hambre.

El frío helado de la mañana la acompañaba hasta el bus, donde siempre dormía mientras pudiese conseguir una silla vacía. Dos horas como mínimo duraba su viaje hacia cualquier lugar, no importa si buscaba llegar al trabajo o quería pagar las cuentas pendientes en el banco, siempre los embotellamientos absurdos y despiadados que desafiaban la paciencia, estaban ahí, al igual que los empujones y los insultos de muchos que como ella, perdían la compostura por la angustia y el fastidio.

Se sentía bien con su vida, en especial cuando hacía méritos y era recompensada por sus arduas y extenuantes horas de trabajo frente a la brillante pantalla de su computador, que se había convertido casi en el amor de su vida y a quien cuidaba más que a sí misma. Sin embargo se daba cuenta que ante su insistencia por una estrella, por un elogio, por un diez, por la perfección que en este mundo no existe, acababa derrotada en un constante devenir sin poder ser tan buena y especial, por más que fuera la mejor.

Él por su lado estaba ahí, relativamente inmóvil. No tenía horarios ni despertadores escandalosos que lo sacaran de su pacífico andar, ni estaba obligado a correr con los ojos cerrados tras una cabina sobre cuatro ruedas que pudiera llevarlo a algún lugar, porque simplemente estaba ahí viendo cómo todos en su andar pasaban sobre él, en una especie de inconsciencia de vida, y cómo ella, aún no entendía que su destino era otro.

Su sabiduría era inmensa, tan grande como los años lo permitían. Era un guía, un actor invisible en la vida de miles. Aunque permaneciera inmóvil sabía qué era caminar, correr y andar; sabía del sufrimiento, la amargura, la libertad y la felicidad, siempre estaba rodeado de personas pero solitario esperando por otras más. Al contrario de ella, entre menos elogios recibiera, entre menos lo conocieran mejor se iba haciendo. Era la antítesis de la mujer andante en el mundo circular.

Ella no buscaba encontrar el amor y él no sabía quién sería su siguiente romance, después de miles y tal vez millones que había tenido. Pero el hilo rojo que conecta a quienes están destinados a encontrarse es irrompible y los dos estaban enredados entre los certeros nudos de la vida. Solo bastaba el detonante para un encuentro explosivo y tal vez permanente, un romance del que ella no podría salir jamás, y él, a pesar de tantos romances que tenía, la iba a llamar siempre de manera incontrolable para volver a él.

El día que aquella chica desnudó sus pies y su alma y se despojó de su controlada y demente vida rutinaria, lo encontró. Al verlo por primera vez y sentirlo bajo sus pies, supo que él, el Camino, era a quien necesitaba para sonreír, para sentirse libre a pesar de quedar atada a él y para fundirse en un beso eterno que la llevaría a la más profunda felicidad. Él, al verla entrar en contacto con su diversa y extensa piel que rodea el inmenso mundo, la abrazó y le prometió amor eterno, a pesar de los millones de romances que tiene con los mochileros y soñadores que se funden en él.

Acerca de Natalia Méndez Sarmiento

Voy por el mundo con una mochila al hombro y una libreta recolectando historias, experiencias, sensaciones, conociendo personas, disfrutando paisajes y escribiendo para difundir mi pasión por los viajes.

Acerca del Autor:

Voy por el mundo con una mochila al hombro y una libreta recolectando historias, experiencias, sensaciones, conociendo personas, disfrutando paisajes y escribiendo para difundir mi pasión por los viajes.

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