Viajar siendo vegetariana sin morir en el intento

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Viajar siendo vegetariana sin morir en el intento

“¿Ya probaste el encebollado, el ceviche, el lechón, los almuerzos del mercado…?”, ni el primero, ni el segundo, ni ninguno. Soy nula para los viajes gastronómicos por dos razones: la primera, es que no me atrevo a probar la comida que no conozco; la segunda, es porque soy vegetariana y en Latinoamérica casi todos los platillos vienen con media libra de carne encima.

A veces no quedan más opciones que la pasta, el pan y el arroz, porque además, los restaurantes vegetarianos son más caros que cualquier otro, ya sea porque reemplazan la carne con semillas y granos que suben el costo de cada plato, o porque las verduras son orgánicas – al menos eso dicen-.

Así que no siempre me alimento de la mejor manera cuando viajo, y a veces paso por grosera o engreída cuando me ofrecen comida y no la acepto, pues en general se entiende el vegetarianismo como una manera de hacer dieta, a lo que muchos responden: “pero está flaquita, no la necesita”, o, al contrario: “está muy flaca por no comer carne, ¿no se ha enfermado?”.

LAS PREGUNTAS

Luego de 11 años  de ser vegetariana (la primera pregunta que me hacen es el tiempo que llevo sin comer carne)  me acostumbré a las mil y un preguntas del porqué. A veces prefiero decir que me hace daño la carne para no entrar en detalles, pero cuando la conversación es más íntima, hablo del respeto a los animales como parte de la red de energía que somos todos en el universo.

Muchas personas intentan derrumbar mis convicciones con sus argumentos y sale la frase: “pero es la cadena alimenticia”, y tengo que explicar que no me molesta que los seres humanos coman animales, sino que no estoy de acuerdo con la absurda cadena de producción en la que se matan miles de vacas, pollos, peces, cerdos y cuanto ser vivo camine y sea comestible, para que al final terminen en el bote de basura de un supermercado, porque ya pasó la fecha de caducidad.

Sí, soy de las que le pide permiso a la montaña para entrar, y al desierto para caminar, y me parece un acto de respeto absoluto la forma en que algunas culturas comían o comen a un animal, pidiéndole permiso, honrándolo y dando gracias. Lo que definitivamente no hago es tratar de convencer a alguien para que se convierta en vegetariano, de hecho me desesperan estos grupos empecinados en que todos llevemos una camiseta que diga: “los animales son amigos, no comida”.

Al explicar mis razones, vienen más preguntas, o más argumentos, o más intentos de hacerme sentir ridícula. Me han pedido ya varias veces que me vuelva vegana para no matar fetos de pollo, y para no maltratar vacas cuando les extraen la leche, a lo que respondo: no puedo, me es imposible mentalmente llegar al extremo de no tomar yogurt o no comerme un helado, y con este presupuesto mochilero comprar leche o comida vegana es casi una utopía.

Hay un argumento más que me gusta exponer, bastante extremo, al que no tengo respuesta: “las plantas también sufren pero como no chillan entonces te las comes”… ok, entonces “no comeré nada que produzca sombra”.

¿QUÉ CÓMO?

Al ser difícil encontrar un rico lugar para comer, porque incluso a veces en los mercados pido una sopa y trae carne, o las lentejas están hechas con el caldo del cerdo, la mejor opción es cocinar en casa – con casa me refiero a hostal -, y los mercados se convierten en el mejor proveedor para un almuerzo vegetariano.

Verduras y granos son la base de mi alimentación viajera,  porque se encuentran en cualquier lugar y los costos no son muy elevados. También soy una obsesiva apasionada de las frutas, estando en países como Ecuador y Colombia, me doy gusto comiendo todas y cada una de las que encuentre, al ir hacia el sur se van reduciendo las opciones, pero nunca deja de haber fruta en un mercado local.

Es difícil pero no imposible. En ocasiones, cuando busco comida en restaurantes, pueden pasar horas antes de encontrar el lugar indicado en el que pueda alimentarme, que sea económico y que realmente no tenga ni una pizca de carne.

RUTINA GASTRONÓMICA

“¿Todos los días comes lo mismo?”, básicamente sí, pues en algunos poblados las opciones se reducen. Por ejemplo, ahora que estoy al sur de Ecuador, en Malacatos, el mercado es muy pequeño y la variedad de alimentos es reducida, nada comparado con un mercado de mayor envergadura como el de Cuenca, para poner un ejemplo en Ecuador.

Un menú constante es el desayuno con un gran plato de frutas, avena y yogurt, y para acompañar un huevo con pan, té o café. Los almuerzos casi siempre llevan arroz, aguacate (buenísimo porque provee proteínas que no tienen otros alimentos), verduras y lentejas o fríjoles. La comida es abundante o reducida y depende del hambre y de lo que haya sobrado del almuerzo, a veces “desayuno” en la noche, o eso me decía una amiga argentina, porque me veía comer un plato de frutas con avena antes de dormir.

RESTAURANTES VEGETARIANOS

A pesar de sus costos y de lo difícil que es encontrarlos, cada día se genera más conciencia al respecto, e incluso en los mercados locales, las cocineras ya venden platos para los viajeros vegetarianos.

Otra opción que cada vez abunda más, son los restaurantes de los Hare Krishna, donde preparan comida vegana exquisita. Por ejemplo en Vilcabamba, Ecuador, un Hare Krishna vendía en la calle porciones de arroz con verduras y ají de berenjena, servidas en una hoja de plátano por dos dólares, y alcanzaba para dos personas. Poco a poco es más fácil encontrar este tipo de alimentación.

También existen los restaurantes gourmet vegetarianos, sí, a costo de mochilero puede que no sean la mejor opción, pero darse en gusto de vez en cuando no está de más. El último gusto así me lo di en un restaurante, también en Vilcabamba, llamado United Falafel Org, ubicado sobre una de las calles de la plaza principal. El plato estaba preparado con falafel, pan árabe, ensalada de verduras y una salsa exquisita de ajo con yogurt. Para complementar, estaba acompañado de agua de coco 100% natural, apenas la probé noté la diferencia, fue como partir un coco y tomar directamente de este.

En este poblado no es difícil encontrar comida vegetariana, ya que se ha ido haciendo una colonia de extranjeros estadounidenses y europeos, que llevan estilos de vida saludables, como consumir productos orgánicos y ser vegetarianos, y se va a haciendo muy común también en América Latina.

 

Con este post, no quiero convencer a nadie de no comer carne, sino más bien mostrarles a los vegetarianos algunas opciones que tal vez no han contemplado. Si tienen más ideas para comer rico mientras se viaja, bienvenidas todas en los comentarios.

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Algunas fotografías fueron tomadas por United Falafel Org

Acerca de Natalia Méndez Sarmiento

Voy por el mundo con una mochila al hombro y una libreta recolectando historias, experiencias, sensaciones, conociendo personas, disfrutando paisajes y escribiendo para difundir mi pasión por los viajes.

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2 Comments

  1. Verito 14 marzo, 2018 en 21:46 - Responder

    Nati! Otra vez te leo y me leo a mi misma! Me pasa exactamente lo mismo! Sumado a que la fama de la carne argentina es tal, que cada vez que cuento que soy vegetariana, me preguntan ¿cómo hacés para ser vegetariana en Argentina? Y bueno… en realidad hago como hago en cualquier otro lado, usando la misma fórmula que usás vos: me cocino yo. Los productos de los mercados locales son una salvación, sobre todo cuando son de la zona y frescos.

    Igualmente me gusta mucho probar comida local, los platos típicos de cada lugar, y me frustra mucho no poder hacerlo con todos, pero siempre se encuentran recetas vegetarianas o veganas típicas, que nisiquiera son asumidas como tal por los mismos locales. Por ejemplo: en España una vez entramos a un bar y preguntamos si tenían algo para comer que no tuviera carne o pescado (aclaro lo del pescado porque hay quienes no saben que pertenece al reino animal; así como el jamón). Me contestaron rotundamente que no, a lo que respondí: ¿tienen tortilla? Sí, me contestaron. ¿tiene chorizo? No, me contestaron. ¡entonces ese plato cuenta como plato sin carne ni pescado! Si, me contestaron. Y comí un plato típico, no asumido como vegetariano.

    En Italia es muy rica la berenjena a la parmigiana, que es una lasaña de berenjenas con capas de panqueque, berenjenas, queso y salsa de tomate… ñan ñam

    En Argentina sinceramente no se me cruzan demasiados platos típicos vegetarianos, más que versiones vegetarianas de los platos típicos: empanadas de verduras, asado de verduras, locro sin carne…

    En fin… como bien decías; cada vez somos más y cada vez son más las opciones para todos los paladares. Bienvenida la “moda” vegetariana! Ahora habrá que esperar a que deje de ser moda para que bajen los precios!

  2. rumahkitab 16 marzo, 2018 en 15:31 - Responder

    Gracias Alfonso por tus palabras!!

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