Veo Veo el Fin de Año

Cada 31 de diciembre durante 28 años vividos o durante 20 que he tenido consciencia, cuando el reloj está a punto de dar por terminado el día me encapricho con deseos y propósitos, algunos con fundamento y otros tan insulsos que son innombrables.

ENERO

* Uno, dos, tres escalones fatiga inminente. Propósito ineludible, hacer más ejercicio.
* Apunte en mi historia clínica: problemas con el azúcar. Abolir el chocolate de mi vida sería sensato.
* 27 años no son un impedimento para bailar ballet. Inscribirme al taller.
* Buscar a mi novia la guitarra y pedirle disculpas por el abandono.
* Encontrar un trabajo y rentar un lugar. Han sido suficientes casi tres décadas de comodidad en la casa de mis papás.
* Viajar a Brasil, ¿A que otro lugar si es allí donde se juega el Mundial?
* Sonreír más.

FEBRERO

Los domingos soleados salgo a montar en bici por Usaquén y me despego de la caja con teclado que me idiotiza en la semana. El toque final de mis almuerzos es una pastilla de chocolate, tal vez dos, bueno, tal vez tres o más. He entendido que mis 27 no son un impedimento para inscribirme al taller de ballet, no igual para bailarlo, mis compañeras de 19 hacen con su cuerpo lo que les viene en gana. Los últimos días del mes he discutido con la guitarra tanto como con mi novio, pero a febrero no existe algo que me quite la sonrisa.

MARZO

El ballet y la bici han sido el oxígeno que mi corazón pedía frenético, la consciencia de mi cuerpo con la danza ha sido un despertar físico y espiritual. A falta de uno ahora tengo dos ex, la guitarra que se tornó colérica porque no la entendí, y el único hombre con quien pensé, soñé y hasta prometí que nos veríamos como los ancianos de UP.  La idea era acompañarnos en nuestra mutua soledad el resto de la vida hasta que la mía tuviera fin, y él se subiría a su casa voladora con globos de helio hasta llevarla al lugar que nos prometimos conocer y nunca lo hicimos. Pero eso solo sucede en las películas y en amores de antaño que tuve el placer de conocer como el de mis abuelos.

ABRIL

Ya subo la pendiente de la calle 7 sin bajarme vergonzosamente de la bici y sé pararme sobre los dedos de mis pies sin perder el equilibrio; bien por el relevé, no tanto por el demi plié y ni hablar del pésimo tendu. Al cuarto mes del año como desaforada chocolate ya que mi ansiedad es más poderosa que mi voluntad. He entrado en un adormilamiento involuntario, sin trabajo se han ido diluyendo algunos de mis propósitos y me cuesta sonreír tratando de entender por qué mi búsqueda de cumplir un par de objetivos ha sido infructuosa.

MAYO

Ha dejado de ser un reto la calle 7 y el demi plié. Poco a poco la tinta sobre el papel de mis propósitos se ha escurrido y ni leerlos puedo. Tras una decena de cotizaciones y propuestas rechazadas de trabajo, he comenzado a dudar acerca de mi habilidad y talento como diseñadora gráfica. Se ha venido sobre mí un torrencial de micro frustraciones de independencia económica, sumados a una leve depresión pre Mundial, tan cerca y tan lejos de Brasil.

JUNIO

El examen de glucemia salió perfecto así que descaradamente celebro con una barra de chocolate. He reemplazado la bici por tres partidos diarios de fútbol que no juego pero si veo, y escucho con gracia a las femeninas y delicadas chicas del ballet, quejándose porque sus novios hacen lo mismo que yo. Aunque extraño a mi ex con quien podía comentar cada jugada de fútbol, me parece que Kyle Beckerman y los negros africanos con sus camisas pegadas y sudorosas, me han hecho olvidar la existencia de los hombres que me circundan. Hace 20 años el fútbol me embelesa, sé que es un fuera de lugar, y no soy groupie de Ronaldo, pero acepto que tanta testosterona en el campo me mueve algunas fibras.

JULIO

“¡Ay ay ay ay, canta y no llores, porque cantando se alegran cielito lindo los corazones!”, Cantan los más nacionalistas mexicanos en la cancha, mientras yo bailo el Ras Tas Tas al son de los goles colombianos. He suspendido mi vida por un Mundial, ¿es eso racional y sensato? Tal vez sí cuando todo lo demás se estanca, tal vez sí cuando uno de los grandes propósitos era estar allá y no acá.

AGOSTO

Tras ocho meses de parsimonia e intentos fallidos por cumplir objetivos, entendí que la vida está vociferando por un cambio de rumbo para retomar los meses en que nada me quitaba la sonrisa. Las horas se me van en extensas caminatas afinando detalles del nuevo propósito, un viaje para conocer a los cantantes de estadio con su Cielito Lindo y su criticado pero divertido ¡eeh puuto! Ya no quiero un trabajo ni algo que me amarre a las calles bogotanas, he decidido abandonar todo asomo de seguridad en casa, la bici y el ballet. “Y se acostumbra el corazón a olvidar”… dice una canción

SEPTIEMBRE

Llegó el año nuevo y mi caprichoso propósito está en marcha, mochilear Centro América hasta llegar a México. No es 31 de diciembre pero se parece, me esperan estrepitosos cambios y una nueva vida comienza, una de verdad, no una impostada de propósitos y sueños incumplidos que solo se prometen por una fecha en el calendario. Sin pensarlo la sonrisa ha regresado.

OCTUBRE

He visto montañas, caminado senderos, hundido mis pies en la arena y conocido metrópolis. Me he enfermado y he tenido la energía para mantenerme sonriente jornadas enteras bajo el sol. He sentido la nostalgia del alba con atardeceres tan iguales y tan peculiares cada uno, y he sentido la felicidad de no sentir nostalgia a pesar de la distancia. El chocolate ahora es un lujo y el arroz con miniestra es mi comida diaria, mi cama la cambié por ajenas y mi casa es una carpa. Mi ropero es una bolsa con tres camisas, dos que no uso y la de siempre y me he liberado de los ojos pintados y la peineta. Olvidé la elegancia del relevé y ahora con poca gracia me siento en la calle a vender artesanías. Hace un mes no sé de fútbol pero sé un poco más de mí. Me he sentido mal, me he sentido bien, he sonreído y he llorado de la risa y de la tristeza, he bailado, he comido y no lo he hecho. Sin hacerme el propósito, he vivido más en octubre que en 9 meses de ilusorios proyectos.

NOVIEMBRE

Sonrío cuando me viene en gana y lloro cuando lo necesito. Mi alma se ha llenado de experiencias y mi piel de nuevos aires. Trozos de dos países ahora reconozco como conocidos. No tengo miedo de sentir y vivir aunque me cueste un par de sonrisas. Me han acompañado amigos que no se presentan como pasajeros. He vivido el calor, el frío, el dolor, el miedo, la des inhibición, el amor, el olvido, la nostalgia, el temporal odio que odio sentir, la represión y la discriminación. Ya cargo con una herida física de batalla y una estrella en el corazón. He sentido ganas de levantarme y de no hacerlo, y de luchar y de rendirme. Me he sentido poderosa y vulnerable, libre y cautiva, astuta y estúpida. Estoy aquí y mañana allá, pasado mañana no sé dónde.

DICIEMBRE

Veo Veo el fin de año aproximarse en el calendario, y me encuentro pensando en los vanos propósitos para los siguientes 365 días. Veo Veo que mi balance de los anteriores 365, se resume en que la vida hace lo que le da gana conmigo, me lleva a donde quiere, me pone donde debo estar y me cruza con quien debo conocer. Si en algún instante se me ocurrió un objetivo este año, el destino se ha burlado de mí por estar pensando en el futuro y no existir en el presente. De acuerdo a mi balance, Veo Veo que mi propósito para el 2015 va a ser solo uno: VIVIR.

About Natalia Méndez Sarmiento

Voy por el mundo con una mochila al hombro y una libreta recolectando historias, experiencias, sensaciones, conociendo personas, disfrutando paisajes y escribiendo para difundir mi pasión por los viajes.

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