Víctima de la estupidez

Próximamente le daré vida a uno de los proyectos más difíciles como satisfactorios que he hecho: mi primer libro. La próxima semana comenzará la preventa. Pero antes, una última anécdota llena de alertas, que tal vez les sean útiles para que no les vean la cara (de tarados) como a mí. Fui víctima de mi propia estupidez, o, para no ser tan dura conmigo, de mi impaciencia.

En el último post de catarsis del libro: Escribiendo un libro, les conté cómo había sido todo el proceso. Hoy, me devuelvo unos meses en el tiempo para contarles cómo me dejé robar 500 dólares.

ESTUPIDEZ

Muchos días de trabajo para al final dejarme ganar por la impaciencia

BUSCANDO AYUDA

El día que puse el punto final en word no sabía cuál era el siguiente paso. Para averiguarlo, me comuniqué con autores de libros autopublicados. Entre esos había un chica que conocía, en quien confiaba, me confesó que se arrepentía de haber hecho las cosas por su lado, y que era mejor buscar una editorial.

Así lo hice. Tras muchas respuestas negativas, un editor aceptó leer mi libro pero al final nada se concretó, así que me volví a comunicar con ella a ver si podría darme alguna idea.

Alerta #1
A pesar de que me había dicho la primera vez que no me recomendaba autopublicar, de un momento a otro cambió de parecer y habló sobre unas asesorías magníficas que hacia su novio. ¿Por qué no me lo dijo antes?

Alerta #2
Al preguntarle por un portafolio o una hoja de vida, argumentó que a su novio no le gustaba dar esos datos porque no era su manera de trabajar. Aún así seguí adelante.

 

ASESORÍA EN MARKETING

Me ofrecían una asesoría para vender el libro. No terminaba de preguntarles cómo sería el trabajo, cuando ya tenía un contrato en mi correo y esperaban el primer pago. Firmé, les pagué el 50% de anticipo como lo pactamos y envié el libro para comenzar.

Una vez lo leyeron me aconsejaron enviarlo a un corrector de estilo. Como era novata pensé que con el punto final en word bastaba, pero claramente necesitaba un profesional que lo revisara. Así que aplazamos la asesoría hasta que el libro estuviera listo. Me recomendaron sus propios correctores, obviamente sin referencias, ni hojas de vida, así que preferí contratarlos por mi lado.

Alerta # 3
A pesar de que el contrato decía que debía pagar el 50% restante cuando fuéramos en la mitad del trabajo de marketing, yo, de la manera más cándida, por no decir estúpida, les pagué sin que hubieran hecho el trabajo que decidimos aplazar. La razón: “porque esas fechas estaban estipuladas en el contrato”

Una vez pagué el 100% me tuvieron en sus manos, error, lección aprendida.

¡Para eso existen los otrosí! si el contrato tiene una fecha de pago, pero, por acuerdo mutuo es necesario aplazar el trabajo, NO PAGUEN ASÍ LO DIGA EL CONTRATO, lleguen a un acuerdo y déjenlo por escrito.

Alerta # 4
Pagué el 100%  y aún así no me enviaron un plan de trabajo, ni yo lo pedí, lo cual fue un error. Pues jamás supe si lo que hacían era parte de la asesoría en marketing, o no.

Alerta # 5
Estaba en el proceso de corrección y recibí un mail de estos personajes, en el que decía que iban a enviarme las correcciones que ellos habían hecho del libro y que, como era un trabajo extra que no les correspondía, esperaban “sin compromiso” una bonificación económica.

Este es el momento en el que, cuando cuento en vivo la historia, todos echan la cabeza para atrás, fruncen el ceño, sonríen un poco y preguntan: “¡¿Quéee?! pero si ese no era su trabajo”. Bueno, yo les dije a ellos lo mismo y no lo recibí.

Alerta # 6
¿Cuál fue su respuesta? decirme que corregirían sobre las correcciones y me cobrarían aparte. La razón: “él (el novio de la chica que se mostró mucho más arrogante y sagaz que ella todo el tiempo) sabe de libros, los ama y su misión es hacer que se publiquen libros que valgan la pena” (en serio lo dijo). Algo así como: “porque soy exageradamente egocéntrico y yo decido qué está bien y que no, y paso por encima del trabajo de tus correctores de estilo”

Para ese momento ya estaba jodida. Les había pagado todo, estaban haciendo un trabajo que no les correspondía y que no les pedí, y querían cobrar por este. Ademas, me exigían que el libro estuviera tal cual a ellos les diera la gana y si no cumplía con sus exigencias no hacían el trabajo por el que les había pagado, que vuelvo a anotar, era una ASESORÍA EN MARKETING, nada más.

 

MUCHO EGO PARA UNA SOLA PERSONA

Alerta # 7
A pesar de haber aplazado las cosas, me enviaron 90 preguntas para hacer un perfil del libro. Todo era muy contradictorio: si no podían hacer su trabajo… ¿por qué lo comenzaron? 

Luego de haber respondido a sus preguntas, me enviaron las contra-respuestas. Quedé fría:

– Algunas eran críticas constructivas acerca del libro, cosas que podía mejorar (trabajo que NO les correspondía pero que agradecía)

– Otras pedían aclaraciones de ciertas palabras o de conexión en el libro (trabajo que le correspondía a los correctores, NO a ellos)

– Y la mayoría eran una cantidad absurda de juicios de valor. No eran críticas ni consejos para el libro, eran cosas tipo: “eres una persona que huye de todo”, “tienes problemas con tal miembro de tu familia”, “eres una niña caprichosa”, “nunca te has enamorado de nadie, ¿cómo te atreves a hablar del amor”, “tu viaje fue solo un cambio de novio”, “se nota que eres una persona cruel”…

Inevitablemente comencé a enojarme.

La cuestión era: ¿Qué tenían que ver esos juicios de valor con una asesoría para vender un libro?, juro que les pregunté varias veces y la respuesta fue: “son críticas constructivas”. ¿Contraté a un terapeuta o a un asesor de marketing?, todavía tengo esa confusión.

 

TRES MESES DE PELEA

De ahí en adelante todo fue un cúmulo de correos en los que cada vez se volvían más pesados y yo, como tarada, no hacía otra cosa que pedirles respeto, porque, sinceramente, a veces me dejaban boquiabierta con sus “análisis”:

– ¿Quieres hacer las cosas de manera inteligente?”, por supuesto. “Entonces haz lo que nosotros te decimos”. (¿?)

– “Si quieres que solo tu mamá lea el libro, entonces sigue como vas, si quieres que alguien más te lo compre,  haz lo que te decimos”… (¿?)

-“Es obvio que cuando tus correctores terminen, vamos a tener que hacer una nueva corrección porque su trabajo no es el apropiado”… (¿?)

-“Tu libro es mediocre y nadie lo va a comprar”, a pesar de que al principio, cuando el tipo lo leyó me dijo: “tu libro es uno de los pocos que estoy a punto de terminar de leer, porque atrapa”… ¿entonces? nunca entendí.

Peleé varias veces con ellos, porque las frases anteriores fueron pequeños cariños con respecto a muchas otras cosas que me escribieron. Al final concluyeron que “yo no era apta para el mundo de la literatura, porque no sabía recibir críticas”

 

LA ESTUPIDEZ FINAL

Entre tantas cosas me pidieron una tarea: definir mi libro en una frase. Para ellos, todas las frases que envié estaban mal y me lo hicieron saber en un correo, otra vez, con su típica soberbia. Les pedí ayuda, ya no sabía hacia donde íbamos si cada cosa que hacía estaba tan mal. Fueron tres meses de enviar y recibir correos, en los que solo había juicios disfrazados de “criticas constructivas” y peleas por defenderme. El único avance que veía era el que estaba haciendo con los profesionales en corrección, no con ellos.

Alerta # 8
Me enviaron un correo respondiéndome que yo no dejaba trabajar, porque no les permitía hablarme de esa manera, y además, no avanzaba en las tareas que me ponían. Que ellos no podían ayudarme o guiarme, porque todo el proceso lo debía hacer yo sola (¿para qué los había contratado entonces?) Al final me pusieron en la cuerda floja: “o haces las cosas como te decimos y dejas de pelearnos, o dejas de trabajar con nosotros”

ERROR:
Les dije que no nos estábamos entendiendo, que el trabajo de marketing por el que había pagado no se estaba cumpliendo y que quería hablar sobre el contrato. Los puse en sobre aviso.

Alerta # 9 (o la estocada final)
Su respuesta fue fulminante, enviaron un término de contrato por razones sumamente absurdas, la peor, la que más cínica me pareció, fue por “mi incumplimiento de fechas según el contrato” cuando habíamos acordado mutuamente que debíamos aplazarlas.

Para salvarse y argumentar que habían estado trabajando los últimos tres meses, adjuntaron un anexo con un perfil mediocre del libro (tenía mala ortografía, mala redacción, uno de mis correctores quedó estupefacto: “¿cómo se atreven a hablar así de tu libro si ni siquiera saben escribir?”)

También había en el anexo una sarta de consejos del tipo: “consigue un libro de autoayuda”. Y lo más frustrante: una lista de cosas por hacer que en cualquier página web aparece si se busca en Google: “¿cómo autopublicar un libro?”.

¡Qué gran estupidez! Por 5 dólares se puede comprar una guía en Amazon de cómo autopublicar. Yo me gasté 500 para aguantarme tres meses de grosería y soberbia, y un resumen mediocre de lo que dicen decenas de páginas web.

 

¿Y EL DINERO?

Ni hablar, obviamente dijeron que el incumplimiento había sido de mi parte. Ellos, supuestamente, trabajaron sin cesar (o al menos lo intentaron como psicológos, correctores, críticos… como cualquier cosa menos como asesores en marketing) y  por supuesto no hubo ningún acuerdo económico.

Algunos a quienes les cuento la historia me dicen: “te dejaste ver la cara”. Sí, gran parte de este problema se debió a mi impaciencia. No me detuve a ver con quien estaba trabajando, qué me ofrecían, qué era lógico y que no dentro del contrato. Permití que estuvieran un paso delante de mí. El desespero me ganó, así como la novatada. Preferí meterme con cualquiera antes que esperar a encontrar a la persona correcta o al menos ver otras opciones.

En todo caso, luego de perder 500 dólares; casi ganarme una úlcera a causa de este par de cínicos; aguantarme los regaños de Re, quien me advirtió desde el principio que esta gente quería sacar provecho y no lo quise escuchar; aguantarme también los regaños de mi mejor amiga abogada por haber pagado el 100% sin haber siquiera empezado bien el trabajo, y permitir que hicieran algo que no les correspondía; y un montón de tiempo perdido… en pocos días comienza la preventa del libro.

Este fue solo un paréntesis, una lección de muchas que tuve que aprender a las patadas y lo dejo por escrito para que la ingenuidad y la impaciencia no sean sus propios enemigos.

About Natalia Méndez Sarmiento

Voy por el mundo con una mochila al hombro y una libreta recolectando historias, experiencias, sensaciones, conociendo personas, disfrutando paisajes y escribiendo para difundir mi pasión por los viajes.

Comments 6

  1. Valen 25 Mayo, 2017
  2. Paula 26 Mayo, 2017
  3. Rodolfo 26 Mayo, 2017

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