1 de Octubre de 2015
Hoy tomamos un camión para desplazarnos desde Cienfuegos a Santa Clara. Cuando me refiero a un camión en Cuba es eso literalmente pero adecuado para el transporte de pasajeros, básicamente es una caja con dos tablas de madera para sentarse y algunas ventanas, cuando las tiene.
El objetivo de ir a Santa Clara era uno solo, visitar el Monumento al Che Guevara héroe nacional por encima de cualquier otro revolucionario. Las calles de Cuba se adornan con sus frases y su rostro. “Explícame porque hay tantas cosas del Che aquí si era boliviano, y por qué se murió en Santa Clara” me dijo Imbal, una compañera de viaje israelí a quien conocí en Cienfuegos. Le expliqué que su nacionalidad era argentina y que su importancia radicaba en que había sido el líder de La Revolución, liberando a Cuba de la dictadura de Fulgencio Batista. Además, que no había muerto en Cuba sino en Bolivia. Por el poco español que hablaba, me parece que nunca me entendió y siguió pensando que el Che era un boliviano incoherente, además me confesó al final que no le había encontrado ningún sentido a un viaje de dos horas en un camión, para ver el monumento de un hombre famoso en Latinoamérica.
Sin embargo a mí me conmovió desde el momento en que pisé las escaleras de este lugar y más que en su estatua, me fije en sus palabras transcritas en grandes murales. “Me siento tan patriota de Latino América, de cualquier país de Latino América como el que más y en el momento en que fuera necesario, estaría dispuesto a entregar mi vida por la liberación de cualquiera de los países de Latino América, sin pedirle nada a nadie, sin exigir nada, sin explotar a nadie”
Ese párrafo sin haber entrado siquiera al museo en la parte baja del monumento, me hizo retroceder en el tiempo y hacer un recuento de los 14 países de América Latina que he recorrido, y se me ocurrió pensar que habiendo hecho una ruta similar a la del Che – una ruta geográfica-, jamás me detuve a pensar en la manera de ayudar, conociendo de antemano además la cara de la desigualdad social.
Dispersa en el asunto caí en la verdad, no soy una revolucionaria y aunque me duele la realidad ajena no estaría dispuesta a sacrificar mi vida por cambiarla, algún día lo pensé, en serio, pero sé que esta vez no vine a salvar al mundo sino a mirarme y cambiar aquello que desde mi ser pueda transformar poco a poco mi realidad y así mismo la ajena, pienso que es un proceso personal en el que cada uno podría aportar desde su perspectiva una chispa de energía para empezar el cambio que soñamos, uno en el que las armas no sean la solución, lo escribo con todo el respeto y la admiración que siento por este hombre quien vivió para cumplir con la utopía de una Latinoamérica equitativa y libre.
En esta frase también encontré ruinas de un sueño, uno perdido entre la basura de la discriminación y los estereotipos. Como colombiana soy víctima y victimaria, América Latina se despedaza a causa de nosotros, las personas quienes deberíamos ser la base de una cultura diversa pero con los cimientos similares nos individualizamos, es por esto que aquellas palabras se quedan en piedra y en ideas. No creo que sea necesario que todos salgamos a disparar balas y sumergirnos en la guerra para generar un cambio, pero qué tal si entendiéramos y respetáramos la sangre que nos une, nos identificáramos con otros seres que hablan nuestro mismo idioma y así, ¿pudiéramos contagiar la comunión soñada de América Latina, con la consciencia de nuestras diferencias sin discriminación?


Hoy volví a entender de dónde soy, de dónde vengo y hacia dónde voy. Hoy volví a querer a Cuba a pesar del fuerte choque que ha sido para mí esta cultura. Gracias Che.
Este post corresponde a una serie de 17 escritos de Cuba, uno por cada día que estuve en la isla. Para leer el día once puedes seguir este enlace: Día 11 .Casas Cubanas




