Hoy salí por primera vez luego de doce días de cuarentena voluntaria para hacer la despensa, así le dicen en México al mercado. Fui caminando para regresar en taxi con una caja llena de productos para abril. Aquí, en Playa del Carmen, parece que la mayoría de personas pensaran que esto es una cuestión de unos cuántos días y que la temporada alta en julio va a levantar esta soledad.

No quiero ser negativa, pero si prevenida. La verdad no creo que en julio los hoteles de la Riviera Maya estén al 100% de ocupación, ni siquiera sé si estarán abiertos, por eso me preparo mentalmente para una larga temporada de hibernación, aunque me diferencio de los osos por dos cosas básicas: tengo que comer durante esta temporada para sobrevivir, y no hiberno con el frío del invierno, al contrario, estoy hibernando con un calor primaveral que ya supera los 30 grados centígrados.

Por pura curiosidad me fui caminando desde mi casa al supermercado por la 5ta Avenida, un paseo peatonal de al menos 20 cuadras donde se encuentran todos los restaurantes, bares y tiendas. Es la calle que vienen a visitar los turistas para hacer compras y pagar cinco veces más por un helado, que bien podrían comprar dos calles hacia afuera en la misma tienda de helados por un precio menor.

Cabe aclarar que en un día normal evito caminar por la 5ta, los ríos de gente no permiten ir a un buen paso, y por cada cuadra hay al menos tres personas que intentan venderme algo. Supongo que está de más decir que se encuentran muy pocas cosas mexicanas, cosa que emociona a los extranjeros, escuché varias veces a estadounidenses bajando del ferry, que llega desde la isla de Cozumel, gritando como lo suelen hacer aunque suene a cliché de película: “Oooh my Gooood, look at the Starbucks. Oh no!! My Gosh, my gosh, my gosh, there is a Krispy Kreme here.” A veces casi se les escurre una lágrima, vaya a saber por qué la emoción, a mí me causaría más bien desilusión pagar un viaje desde tan lejos para encontrar lo mismo que tengo al lado de mi casa.

En todo caso hoy fue muy diferente, no había gringos extasiados, el silencio era abrumador y las puertas de donde salían vendedores por doquier estaban cerradas. Sentí gusto de caminar por allí, no me había percatado antes de lo tropical de sus fachadas, de los murales pintados entre tienda y tienda, de los árboles entre el paso peatonal y los restaurantes y del camino adoquinado a una cuadra de la playa.

Llegué rápido al supermercado, no hubiese sido igual en un día normal, especialmente porque me hubiera ido pedaleando. Además, porque irme en días anteriores caminando por la 5ta, significaba que estaba en búsqueda de un helado, si, del mismo por el que me cobran cinco veces más – o tal vez solo 15 pesos mexicanos más, puede que esté exagerando -.

Al entrar, todo era absolutamente normal, tan normal que me volví a preguntar si estoy exagerando con esto de quedarme voluntariamente en casa, o si el gobierno mexicano está actuando de manera equívoca como lo mencionan todos los críticos en internet. A veces me enojo con los comentarios en contra del gobierno de México, pero no es porque sea fan de Obrador o porque se me salga el nacionalismo ajeno, – que ni con Colombia me pasa -, es un enojo que proviene del puro miedo porque pienso igual que los criticones, que el gobierno de este país no ha actuado de la manera más eficiente para frenar esta cosa que ya me da hasta pereza mencionar.

Hice la despensa como en cualquier día, la gente no respetaba la consigna de Susana la super heroína, Su-sana Distancia que está empezando a promulgar la Secretaría de Salud de México hasta ahora, cuando ya hay más de 1500 casos de Covid.

Yo supongo que este es el escenario de un día de compras normal, pero ayer lo vi como un caldo de cultivo: una mujer me tosió casi en la cara sin ningún tipo de asco, todos se paseaban con su carrito y se acumulaban en los pasillos, los trabajadores se recostaban en mi carro y jugaban con la comida mientras yo hacía compras, en las cajas la filas eran largas y había familias de hasta cinco personas con bebés. Es decir, “¡vámonos a hacer la despensa para estas vacaciones güey, y llenemos los carritos de cerveza que hay rumor de ley seca!”

Compré todo al precio normal menos el jabón al que cada día le van subiendo de a un pesito. Las estanterías no estaban tan vacías como hace doce días, pero fue difícil encontrar lentejas y la harina para pancakes. Resulta que ahora esta harina es fundamental en mi casa para no tener que salir a comprar pan cada 3 días, yo feliz. Además, porque aquí no existen las panaderías como en Colombia, a veces me da la extrañadera y quisiera ir a tomar chocolatico con queso y panes hojaldrados a media cuadra de la casa de mis papás.

Lo único diferente de este día de despensa, fue empacar todo por mi cuenta y no ver a los “cerillos”, en Colombia los llamamos empacadores. En algunos supermercados de México los cerillos son personas de la tercera edad que viven de las propinas por empacar, y al ser la población más vulnerable los enviaron a su casa, esperemos que con ayuda económica.

Este escrito hace tres meses hubiera sido aburridamente normal, pero lo que llamábamos normalidad ahora es una amenaza. Ir a hacer mercado es un desafío especialmente en un lugar donde todo sigue pareciendo tan normal, que asusta.

Ante tal panorama de desinterés colectivo llegué paranoica a mi casa, lavé la ropa, me metí a bañar y ahora confío que dentro de 15 días pueda seguir escribiendo este diario de cuarentena sin síntomas de alarma. Me pregunto si todos estaremos igual de paranoicos o si estoy perdiendo la batalla con mi mente.

Cada una de las fotos que subo en este diario son recuerdos de libertad, para que el día que la máquina se vuelva a activar no se me olvide que poder trabajar, respirar, abrazar, caminar, ver el mar o solo poner un pie en la calle ya son motivos de agradecimiento infinito. Los quiero y los abrazo desde este pedacito de mundo.

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Idea #8 para no enloquecer en esta cuarentena:

Seguir jugando. En el día 7 lo di como una idea, pues los juegos de mesa en mi casa han sido el salvamento para los momentos más aburridos, pero hay algunas personas que viven solas así que les tengo dos ideas:

  1. Jugar en el celular algún juego que necesite interacción con alguien más, incluso con amigos o familia. Por ejemplo Apalabrados (un scrable en linea que pueden descargar gratis en Google Play), es un juego que me encanta, ayuda a la mente a despejarse y pueden jugarlo con alguien conocido a distancia
  2. Hacerlo por su cuenta, hay infinidad de juegos digitales para entrenar el cerebro y pasar el rato así se encuentren solos. 

 

Acerca de Natalia Méndez Sarmiento

Voy por el mundo con una mochila al hombro y una libreta recolectando historias, experiencias, sensaciones, conociendo personas, disfrutando paisajes y escribiendo para difundir mi pasión por los viajes.